UN MANIFIESTO: Tres batallas


Siendo consciente de que en este mundo en el que muevo, Internet, cualquier posición que adoptes siempre es tomada por unas cuantos con un clásico ‘si no estás conmigo estás contra mi’, me veo en la obligación de, al menos, trazar la líneas que considero fundamentales en relación al candente ‘Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet‘.

Estar de acuerdo con el Manifiesto es una perogrullada. Es obvio que los que trabajamos en este medio, los que nos hemos movido en él desde su nacimiento en España y los que realmente amamos la red y todo lo que de deriva de ella, sabemos que lo dice este escrito es exactamente lo mismo por lo que llevamos luchando desde que fuimos conscientes del poder y la riqueza que empezaban a otorgarnos las denostadas tres uves dobles, o lo que es lo mismo, desde el principio de los tiempos. En mi caso, y que yo recuerde, 1994.

Entonces ¿por qué salta ahora la cuestión y en nuestro nombre redactan tan clara como previsible declaración de intenciones?. Obviamente, la aparición pública del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible tiene mucho que ver, y es que, claramente, el Gobierno se ha equivocado, fundamentalmente al situar el poder judicial al margen de cualquier decisión ejecutoria en materia de cierre o suspensión de espacios en Internet.

Dicho esto, y preparado para ser la punta de lanza en la lucha por la rectificación del Gobierno de España, no podemos pasar por alto lo curioso de las reacciones, interpretaciones y movimientos que se han generado desde el primer día de este agitado mes de diciembre, y que quisiera ordenar en tres batallas:

1.La batalla lógica, que a todos nos enfrenta democráticamente con el Gobierno para tratar de corregir las incongruencias del Anteproyecto de Ley de Economía sostenible.

2. Una larga batalla interna y metódica en nuestro mundo de Internet, y de la que muchos somos ajenos, pero en la que se está viviendo una encarnizada lucha por ser la cabeza visible del medio, y, en definitiva, nuestros representantes a no sé qué todavía.

3. La batalla por el poder de la comunicación, que muchos sitúan en su recta final, que enfrenta a los medios tradicionales, especialmente los diarios escritos en papel, y los espacios de información en Internet, que son muchos, y de muy diversa índole, y, como el propio soporte demanda, atomizado y expuesto a las modas.

No vamos a prestarle mucha atención a la primera batalla, dejando claro -creo que voy por la tercera ocasión- que comulgo con todos y cada uno de los puntos expuestos en el Manifiesto, manifestando, y valga la redundancia, que cuenten conmigo para la lucha, o, llevándolo a la exageración, al activismo, siempre y cuando el espacio para la protesta sea el medio online, nuestro medio natural y poderoso, dejando los experimentos desvitualizadores a un lado, que lo más que pueden hacer es dañar nuestra imagen y degradar nuestra fuerza.

Sin embargo, creo que no deberíamos pasar por alto el segundo y tercer conflicto, que también nos atañe, y mucho, a todos los que con más o menos dedicación conformamos este grupo en España, que algunos han cifrado, en el fulgor de la batalla, en unos 25 millones de internautas.

Desde hace ya tiempo, se viene observando que, también dentro de este mundo, se han creado personajes mediáticos, que han ido canalizando su influencia en posicionamientos políticos y, de una forma más o menos altiva, sin demostrar ningún éxito emprendedor en la red ni fuera de ella, se vienen erigiendo como los sabios del medio, cuando ni han vivido, ni viven y, lo más probable, ni vivirán de aquello que tanto sudor nos ha absorbido al resto. Mi admiración, respeto, e incluso envidia a aquellos sabios que han sabido encontrar en la red su forma de vivir y de hacer más felices al resto con sus aplicaciones y páginas. Ellos si me representan, pero no aquellos que más que convivir con nosotros viven de nosotros, teorizando y criticando, pero sin haberse remangado nunca en un proyecto de cocina, o de baño, sí de baño, aquellos espacios en los que inicialmente todos situamos nuestros servidores. Debemos tener cuidado y tomar parte en esta batalla, que no deja de ser la segunda a la que hacía referencia, una batalla interna en la Red de nuestro país por ocupar el poder, que se está librando sin apenas resistencia y que se nos ha presentado, aparentemente vencedora, en estos últimos días, en forma de auténticos fanáticos en la defensa de algo que bien sabemos que llevamos defendiendo desde hace muchos años.

El tercer conflicto, muy interesante también, pero sin duda más natural que el segundo, fluye por la lógica del control de la información o, lo que es lo mismo, por ocupar el espacio del ‘cuarto poder‘. La batalla por la información, parece que se ha avivado también desde el primero de diciembre, pero no deja de ser una batalla dentro de una guerra que está abocada a perder el mundo tradicional frente al online, a no ser que los primeros se reinventen y utilicen la enorme influencia que les queda en sembrar su futuro más próximo, ya que vista la velocidad de los cambios, no habrá tiempo para acciones medioplacistas. Es curioso que dos medios de la importancia de El País y El Mundo sitúen sus editoriales en la misma dirección, y ésta pueda interpretarse en la defensa del Gobierno de España, algo que no deja de ser sintomático del miedo a la pérdida de poder a la que no le están sabiendo poner remedio, de momento, desde ningún medio tradicional impreso.

Apoyando una vez más el Manifiesto, siendo esta vez, como en las sevillanas, la cuarta y última que me reafirmo, quisiera acabar este post celebrando el momento que vivimos en la red, un momento extraordinario, en el que se está empezando a ver la importancia del medio, donde los grupos de poder tradicionales, desde los políticos a los jueces, pasando por los medios de comunicación y las industrias asentadas desde décadas -especial mención la discográfica-, están muy perdidos, y desconocen el camino a seguir, camino que también nosotros desconocemos, pero, al menos, intuimos.

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