‘Será nuestra nación’ Artículo publicado en EL PAÍS


(Artículo de opinión publicado por EL PAÍS en su versión digital el 23 de junio de 2017, en el que trato de acotar el término ‘nación’ desde la perspectiva tecnológica de las generaciones que ahora empiezan a formarse)

nacion

Generalmente trato de aprender de todo aquel que me rodea, de absorber lo mejor de cada uno e incorporar a mi estructura mental aquello que me pueda aportar, que, humildemente, es mucho, muchísimo. De esta forma, y también por responsabilidad paterna, considero una parte fundamental autoformativa observar a mis hijos moverse y relacionarse en un mundo que nosotros consideramos poliédrico y ellos los ven claramente circular, sin aristas.

Escudriñar el entorno en el que se mueven nuestros menores, ya nativos digitales, nos descubre que gran parte de los asuntos de cabecera que discutimos sus mayores pasarán a un segundo plano en cuanto ostenten la dirección ejecutiva que les corresponda.

Siguiendo el proceso de vigilancia egoísta de esa generación que lleva la tecnología como un apéndice más, contemplé como se afanaban en el paso de pantallas en un juego online que les daba las indicaciones en el idioma de Shakespeare, además, se comunicaban con el resto de participantes por medio de la voz, estando estos co-jugadores repartidos por el mundo, sin fronteras, sin prejuicios y, sobre todo, sin preguntas de procedencia. Estaban jugando en su nación, una nación infinita.

Del mismo modo en el que un día al paso por una vieja cabina de teléfonos -que aun decoran la decadencia de lo que fue nuestro espacio vital- les pregunté si sabían lo que era aquello, estuve tentado en formularles idéntica cuestión sobre su concepto de ‘nación’, desistiendo finalmente ante el temor de recibir la misma respuesta, tan contundente como anacrónica es la vieja fórmula de comunicación por monedas.

Una nación es ‘un conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno’, o también, siguiendo la lectura de las acepciones del diccionario de la RAE, es ‘un conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común’. Entonces ¿Cuál es la nación de mis hijos en este momento? Pues, evidentemente, y sin caer en el clásico de interpretar lo que no es nuestro, habría que preguntárselo a ellos, aún a riesgo de recibir un soplo de aire freso para el que no estamos preparados.

Saliendo del mundo virtual, y volviendo al mundo que nosotros, los viejunos, entendemos como real –no por ello mejor, simplemente diferente- encontramos ríos de tinta tratando de ajustar milimétricamente el término nación, acotando lindes con exquisita exactitud, cuando en realidad es un vocablo flexible en su realidad política del país en el que vivimos, cediendo concepto subsidiariamente hacia abajo (regiones o naciones) y supranacionalmente hacia arriba (Europa).

La distancia que nos separa de la generación que ahora se está formando es abismal, espacio que se antoja infinito si la comparamos con la población que me precede en edad, y es que la estructura mental y conceptual de los nativos digitales nada tiene que ver con la que tenemos los inmigrantes digitales, y choca frontalmente con los exclusivos residentes analógicos.

La educación, clave en este proceso, es el hábitat que está marcando la diferencia intergeneracional, sirviendo como eje vertebrador de los que algunos han llamado ‘millennials’, al igual que el hecho industrializador fue antaño la clave en el difícil proceso nacionalizador, creando una gran comunidad de intereses sobre un territorio determinado que hasta entonces lo componían compartimentos estancos.

Las nuevas generaciones, afortunadamente, incorporarán a su nevera clichés que ahora nos parecen de vital importancia. Construirán un mundo –su mundo, nuestro mundo- abierto, circular y con la máxima maleabilidad, en el que no será prioritaria la procedencia, la creencia o cualquier otra circunstancia. Edificarán su nación, nuestra nación, con la fortaleza que permite cimentar con ladrillos de tolerancia, transigencia y co-creación.

Aprendamos de aquellos que se supone que estamos educando, y asumamos que es mucho lo que debemos asumir de ellos en nuestro propio proceso educativo. Incorporémonos, cuanto antes, a su nación.

Guzmán M. Garmendia Pérez es parlamentario Foral en el Parlamento de Navarra, portavoz de Desarrollo Económico y presidente de la Ponencia de Asuntos Europeos

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