¿Pokemon Go? ¡Es la innovación, estúpido!


Últimamente he leído mucha información sobre la última tendencia tecnológica en materia de entretenimiento, e incluso de indocumentados que claramente no habían ni abierto la aplicación. Del mismo modo son muchos los medios de comunicación que llevan criticando y ridiculizando el juego ‘Pokemon Go‘ desde el mismo día en el que se lanzó en el España esta aplicación creada por la compañía californiana Niantic Labs, exactamente el 15 de julio pasado, hace tan solo unas semanas. Además, alimentados por el amarillismo e involucionismo de la prensa tradicional -más acentuado en la televisión- se ha venido advirtiendo de los peligros que conllevaba hacer uso de esta aplicación, únicamente disponible en dispositivos móviles, lejos de los viejos tubos, los antiguos PCs de las redacciones y esta vez sí, viendo el mundo en formato vertical, cambiando una tendencia que impuso el cine siguiendo el formato del teatro, que, recordemos, nació entre los siglos VI y V a. C. Una anécdota, la orientación de la pantalla, que representa claramente la fuerza de los cambios que estamos viviendo en la forma de comunicar y que los viejos dinosaurios de la comunicación se niegan a asumir esta evolución respondiendo con el ridículo ataque.

Entre los reportajes del programa de TVE ‘Informe Semanal‘ de este sábado figuraba uno que analizaba ‘el fenómeno social de Pokemon Go’. En sus escasos minutos de duración se entrevistó hasta en dos ocasiones a un experto en ‘nuevas adicciones’, dando a entender lo dañino que puede llegar a ser este espacio desconocido. No pude evitar sentir lástima por los redactores del programa, por sus guionistas, por su equipo de producción, cámaras y demás equipo, aunque no nos debería extrañar el enfoque viniendo del programa más longevo de la televisión en España, con más de 40 años emitiendo con el mismo formato, sin un ápice de evolución y estancado en el UHF. Sin embargo, la tendencia de demonizar todo lo que nos trae cada día el mundo digital es habitual desde hace años en la vieja caja de las 625 líneas, conocedores de su pronto destino frente a un sistema bajo demanda.

En lugar de mostrar sus inútiles intenciones frente a un fenómeno global, invitaría a la dirección de las cadenas televisivas nacionales a que se fijaran en lo que les puede aportar un juego como ‘Pokemon Go‘ y traten de asumir la realidad, una realidad desbordada que les va a sobrepasar por su inacción, sedentarismo y falta total de cultura del cambio. Este juego, insisto, solo disponible en formatos móviles, marcará tendencia y es un paso más en el proceso de sustitución del modelo de comunicación y, por tanto, publicitario. De sus virtudes se deberían extraer las siguientes enseñanzas (a las que se sumarían las sociales, pero que no son objeto de este post):

  • Es una aplicación global, que puede usarse en cualquier rincón del mundo.
  • Hace uso de la realidad aumentada de forma magistral, uniendo imagen real con gráficos al mismo tiempo.
  • Utiliza la coordenada como eje de su acción, lo que le abre un campo de posibilidades publicitarias infinitas y microsegmentadas.
  • Abre la oportunidad de atraer y mover al potencial cliente.
  • Está imponiendo un nuevo concepto publicitario, en el que, por ejemplo, los establecimientos comerciales querrán tener cerca de sus establecimientos elementos del juego como sus ya conocidad Pokeparadas (véase acuerdo con McDonalds)
  • La evolución de los muñecos en función de madurez del jugador da unas posibilidad amplísimas y personalizadas, también aprovechables económicamente.
  • Fomenta la competitividad entre los mismos jugadores (los gimnasios), terreno que abrió FourSquare en su día.
  • Los usuarios tienen una media de edad de 25 años e incluso más, y éstos son los que poco a poco van tomando las riendas del mercado (mucho tiene que ver que ellos vieron en la tele la serie de Pokemon, mientras los directivos de la televisión de hoy vieron, en el mejor de los casos, Verano Azul)

Pokemon_who

Hace ya casi un cuarto de siglo desde que al estratega de campaña de Bill Clinton, James Carville, se le atribuyera la frase ‘Es la economía, estúpido‘, que enmarcó como clave electoral en las elecciones de 1992 frente a un George Bush que parecía imbatible. Por aquel entonces no existía Internet y los medios de comunicación hoy tradicionales reinaban a sus anchas. Las cosas, afortunadamente, han cambiado: ¡Es la innovación, estúpido!