Profesionales en la política, que no de la política.


A sabiendas que en el entorno de niebla, sospecha, desánimo, e incluso repulsión que nos envuelve, es arriesgado salir a defender la dignidad de la actividad política, siento la necesidad de expresarlo. Desde mi modesta experiencia, y desde la humildad, no se está apreciando el papel fundamental que están jugando y jugarán personas que sacrifican su vertiente familiar, situando su vida privada en el ámbito de lo público y, sí, aunque sea impopular decirlo, menguando sus estables y voluminosos ingresos -incluyendo en ocasiones vivienda y automóvil- en haberes más que dignos, pero menores, y, como debe de ser, a disposición consultiva de cualquiera, siendo además incompatibles con cualquier otra actividad, igualmente lógico.

Sin ninguna gana de entrar en obviedades y previsibles afirmaciones, y sin necesidad de consultar estadística alguna, el porcentaje de cargos públicos que ingresan en la administración desde la empresa privada representa un porcentaje tan rídiculo que, asumámoslo, añade métrica en la distancia que separa a la población de sus mandatarios. Algo falla. La mayor parte de los que, no nos olvidemos, hemos elegido para que nos representen, bien provienen de la propia administración, funcionarios, o bien desarrollan su actividad profesional en forma de ‘carrera política’. Los primeros, que se han ganado su puesto de por vida con esfuerzo y sacrificio, acceden a un puesto de los llamados ‘alto cargo’ con la seguridad de tener siempre una silla a la que volver. Los segundos, ‘políticos de carrera’, acceden a tan relevante puesto con los máximos conocimientos políticos que también requieren los nombramientos, pero sin experiencia, por lo general, en gestión o conocimiento real del suelo por el que pisan a diario el grueso de sus ciudadanos. En ambos casos, cuando finalmente son ‘los elegidos’, se sitúan en la cúspide de sus carreras: han tocado techo. Siendo muy legítima su presencia en las instituciones a tan alto nivel, e igualmente laudable, su posicionamiento debería ser proporcional al espacio que ocupan en la población activa.

Solo la vocación de ‘servicio público’ real, que he podido constatar de cerca con auténticos profesionales que ahora ocupan puestos relevantes en la administración, puede mover a personas a sacrificar su tiempo y dinero por su comunidad, incluso, en algún caso, teniendo que tirar de sus ahorros para poder mantener la vida que les precedió. Así mismo, he podido ver, incluso sufrir, como empresas privadas coaccionan a sus empleados para que no se acojan a la ‘excedencia forzosa’, un derecho para aquellos que van a servir a su gente, amenazando con la carta de despido a la vuelta, y, por desgracia, ejecutándolo, sin importarles si es o no una madre separada y con dos hijos a su cargo. Mucho tenemos que aprender de las empresas americanas, que entienden la política como un servicio ciudadano, y apoyan a sus empleados para que, en bien de su comunidad, sean activos en política, y entienden, como no debería ser de otra forma, que tener vocación política es mostrar sacrificio personal para volcarlo en acciones de servicio público.

Con este panorama, y con esta mentalidad empresarial predemocrática, es complicado que la especialización y profesionalidad vertical entre en la gestión de un gobierno. Por lo tanto, seguiremos viendo como determinadas personas van saltando de ‘alto cargo’ en ‘alto cargo’, con independencia de si tienen que gestionar bits, jeringuillas, alumnos, carreteras, turistas o I+D+i. Da igual, valen para todo, y por descontado, ni inglés, ni alemán, ni francés, ni nada que se le parezca ¿Para qué? Es imprescindible trasladar a la sociedad otro mensaje, incluyendo que quienes maniobran el curso de nuestras vidas están tan solo de paso, y se irán, al poco tiempo, con la satisfacción del deber cumplido con la sociedad, que es la de todos, la actual y la que dejaremos a nuestros hijos.

Insisto, algo falla. Por lo general, solo unos pocos ‘inconscientes’ acceden a pasar de la comodidad y anónima vida en la empresa privada, a la expuesta y complicada vida pública, y ahora, más que nunca, necesitamos darle la vuelta a una situación que entorpece, y de que manera, la competitividad y crecimiento de nuestro país.

politica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s