#NASF: de cómo empezó un movimiento


Tan solo han pasado 5 días desde que 16 navarros -en parte o en pleno- aterrizamos en España después de seis intensos días en Silicon Valley, nuestra ‘Meca’, el lugar de culto y peregrinación de todo aquel que se dedique a las nuevas tecnologías y, en concreto, mi hábitat profesional desde hace ya más de 13 años.

Una experiencia única, probablemente inigualable por su naturaleza espontánea y llena de energía que se ha transformado en un movimiento que desde su creación hemos bautizado como #NASF, articulación de Navarra y San Francisco, movimiento del que vamos a hablar en algún que otro evento y muchos y diversos foros, por lo que en este post me alejaré de explicaciones y reflexiones sobre el viaje, trataré de centrarme en el nacimiento de esta iniciativa, una cuestión que nos ha sido planteada reiteradamente en nuestros lugares de procedencia, pero, sobre todo, en nuestro destino, donde los representantes de todas y cada una de las empresas que visitamos en el área de la bahía de San Francisco se mostraron sorprendidos por lo ‘particular’ del asunto, entendiendo como tal el que no estuviera sustentada por institución, empresa o marca alguna. Recordemos como surgió todo.

26 de noviembre de 2009. Prácticamente un año antes del efectivo despegue al lejano oeste. Ese día, Bernardo Hernández, por aquel entonces Director Mundial de Marketing para Google -y hoy Director Mundial de Productos Emergentes en la misma compañía- tenía previsto dar una charla en el Palacio de Congresos de Vitoria, invitado por Euskadinnova y organizado por mi buen amigo David Montero, coordinador del Centro de Empresas e Innovación de Álava CEIA. La conferencia era a las 7 de la tarde y ese día nos tocaba trabajar a Javier Ábrego y a mi en la sede de LINC de Zaragoza, lo que suponía que si queríamos acceder al don de ubicuidad tendríamos que recorrer 545 kilómetros y llegar a casa 17 horas después de haber salido. Como era de prever, y como en otras ocasiones, ‘carretera y manta’ fue el lema y cumplimos con nuestras obligaciones profesionales y, en este caso, personales, dándonos cita en la capital vasca unos minutos antes de que comenzara la ponencia, tiempo en el que aproveché para saludar a Bernardo, viejo compañero de luchas en esto de las Nuevas Tecnologías y al que tengo el placer de conocer desde finales del siglo pasado, cuando empezamos a colaborar en nuestras empresas raíz. Durante esa conversación, en principio de amigos, me invitó a sumarme a un viaje a Silicon Valley que llevaría a cabo empresas vascas, y que él mismo estaba organizando por medio de una de las múltiples empresas en las que está invirtiendo, Stepone, que trata de poner en contacto oferta con demanda entre Estados Unidos y España en materia de Recursos Humanos, capital y emprendimiento. Una vez aclarado que LINC estaba radicada en Navarra y que la posibilidad de unirme al grupo vasco era remota, me ofrecí voluntario para mover el viaje en la Comunidad Foral y sacarlo adelante con la marca ‘Navarra’, algo que iniciamos de inmediato presentándole de forma conjunta el proyecto tanto a Cámara Navarra como a CEIN, presentaciones que hice personalmente los días siguientes.

5 de junio de 2010. Informe Semanal emite el reportaje ‘A la conquista de Silicon Valley‘.

Es sábado por la noche y los de siempre estamos conectados a Twitter mientras vemos la televisión y, por ende, comentamos lo que vemos: envidia, es el viaje de los vascos a nuestra Tierra Prometida. Alguien -hay discrepancias sobre el autor aunque es lo menos relevante- apunta que en Navarra deberíamos hacer algo similar, a lo que no me queda más remedio que exponer, insisto, por Twitter, la situación del ya empolvado proyecto que presenté y del que no había noticia alguna hasta la fecha, por lo que en ese mismo momento, y tras un ‘no hay c… a hacerlo nosotros mismos’ -expresado por una gran persona y mejor amigo que precisamente por eso no voy a citar- dio lugar a una comida que se celebró la semana entrante en el restaurante El Mercao en convocatoria pública, es decir, se difundió la comida y el fin en Twitter hasta la extenuación y se unió todo el que quiso, sin excepción, aunque bien es cierto que en esa comida se consideró que faltaban algunos, pocos, y se les invitó de manera particular. 14 fue el número máximo de expedicionarios que se consideró como óptimo para que no se desbordara y, en palabras de uno de los presentes ‘el límite estaría en el radio de audición de una mesa alargada’, es decir, tenía que ser un grupo en el que nos pudiésemos entender todos. Finalmente fuimos 16 los que volamos, y en ocasiones 20 los que fuimos a alguna visita, y, la verdad, hubo muchos en lista de espera a los que de forma particular les pido disculpa por la rigidez de esta norma.

Se eligió la fecha, sin duda el ‘puente foral’ era la mejor época. Era un viaje particular y cuantos menos días laborables absorbiéramos de nuestro trabajo mucho mejor. Solicitamos presupuestos de viajes a las agencias que conocíamos, con un único briefing: ganaría la más barata. Seleccionamos aquellas empresas que nos gustaría visitar, y todos y cada uno de nosotros pusimos a disposición del resto nuestros contactos, conocimientos y ventajas, y desde ese momento nos empezamos a parecer un poco a los americanos: compartíamos, no ocultábamos, y es así como empezó a fraguarse, en mi opinión, el espíritu #NASF. Hubo visitas que nos costaron más, también encuentros que nos costaron menos, pero luchamos por todo, y, en honor a la verdad, tan sólo Facebook no cuajó, y es que la red social líder no hace visitas guiadas, aunque fuimos ‘a la Navarra’ y aquí tenéis la prueba:

Parte del equipo #NASF en el hall la sede de Facebook en Palo Alto

Un movimiento colaborativo desde sus inicios, trabajado por todos, apoyado al máximo y luchado, en el que la comunicación y el consenso han sido nuestro eje, sumado al dinamismo, que no nos ha dejado adormecer el sueño en ningún momento, que de forma individual y como grupo -por sentimiento- luchó y lucha por Navarra, hasta el punto de pedir formalmente a Twitter que pusiera en Pamplona su sede para Europa, y si no era posible la de España, y nos lo creíamos, y nos lo creemos, sólo así se consiguen las metas, creyéndonoslo y sin complejo alguno. Esto es sólo el principio, queda mucho por hacer, y lo haremos, contaremos los sentimientos, vivencias, sensaciones y pormenores del viaje, trataremos de fijarnos en lo bueno de fuera y en cuidar lo excelente que también tenemos dentro, aunque todo esto mejor lo dejo para las convocatorias de encuentros y acciones #NASF, acciones que estoy tratando de poner en limpio y, en concreto, hay una en la que me gustaría empezar de forma inmediata en busca de captación de ideas y talento que tan sólo pasan fugazmente por Navarra, y se van… pero eso es otra historia.

De momento, #NASF ha dejado y dejará huella, como ésta en un espacio de reunión de Ideo

#NASF en el centro de mesa de Ideo de papel

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