PRENSA ESCRITA: pagar por contenidos


Twitter, el mejor termómetro de la actualidad que tenemos  en la red y, por qué no decirlo, fuera de ella, nos inundaba esta mañana de comentarios que trataban de abrir el debate sobre la idoneidad o no de cobrar por contenidos. Una vieja discusión que, por suerte, se repite tras tropezar en 2002 el más importante diario de España en difusión, tropiezo del que hasta ahora no se ha recuperado en su modelo digital.

A mi me parece asombroso volver a este debate cuando ya se ha demostrado que en el momento que ofrecemos algo ‘gratis total’ es muy complicado hacer creer que es bueno cobrar por lo mismo, y es ahí donde se encuentra la piedra angular: en ‘lo mismo’.

Julio Alonso, fundador de Weblogs, es, a través de su Twitter, el difusor de un interesantísimo artículo de Paul Graham en el que habla de la imposibilidad de cobrar por contenidos, y centrándose en los editores sólo les da dos alternativas: abrirlos y obtener beneficio indirecto, o encarnar esos contenidos en cosas que la gente esté dispuesta a pagar.

Siguiendo en el campo que nos interesa, prensa escrita en Internet, y tomando la piedra angular que comentaba anterioremente, ‘lo mismo’, me resulta sumamente difícil llegar a la conclusión de que somos capaces de generar esos contenidos por los que los lectores estén dispuestos a pagar. Por lo tanto, de momento, sólo nos quedaría la vía de abrir el trabajo y obtener beneficio indirecto.

El problema en el tradicional y a veces arcaico mundo del periodismo escrito a la hora de enfrentarse al mundo online viene de lejos: del mismo momento en el que se popularizó la red. Como era de esperar, la evolución de los diarios desde que añadieron el .es, .com o .net a  su marca ha sido mínima, y si observamos las ‘cabeceras’ (que palabra tan compusauria) siguen teniendo casi la misma estructura que a principio de este siglo y a finales del pasado, con un gran espacio para la marca y el resto un enjambre de noticias más o menos agrupadas, pero, y aquí está la piedra angular asomando, con los mismos contenidos que su viejo hermano mayor con olor a tinta, y una diferencia, invita claramente a no abandonar la página de presentación, evitando que el lector se sumerja en las diferentes secciones y evitando así, incomprensiblemente, el ‘maná’ de los ingresos indirectos en Internet: la segmentación, descartando, en parte, la solución de Paul Graham con la que nos habíamos quedado.

La revolución digital, que esta vez sí se está dando en los dos últimos años, debe cambiar la compleja labor de comunicar e informar de forma radical, aunque el miedo atenaza a las apoltronadas redacciones, poco implicadas en el cambio, y, en mi opinión, desconocedoras de la pérdida de ‘poder’ que hasta ahora creían tener en la sociedad.

Lo más importante de ese vuelco en la comunicación viene marcado, una vez más, por la manida e incluso odiada ola 2.0, es decir, la implicación hasta grados insospechados del usuario en la elaboración de contenidos y, por tanto, en la opinión y construcción de noticias, corrientes, intereses y necesidades.

Youtube, con muy buen criterio, parece que va a pagar a aquellos vídeos que hayan cosechado un gran éxito en Internet. Por poner un ejemplo de un vídeo que me encanta, el del famoso ‘contigo no bicho‘, que ha sido reproducido en su versión original 3.786.759 veces, y otras muchas más en copias similares. Centrándonos en el original, y poniendo un obsoleto CPM de 5 Euros (conozco empresas que lo tienen a 30 Euros o más en sus tarifas), tenemos que el amigo del frustrado ligue de ‘Chiguaka’ debería haber cobrado 18.930 Euros por su obra, o bien, si fuera una cuestión de adsense, al menos tendría que haber participado en los irrisorios beneficios que te ofrecen.

¿Por qué no trasladamos este modelo a la prensa?, hay miles de artículos, blogs, espacios y secciones en los diarios digitales que no son consultados por nadie, pero se pagan, y el espacio que se la da al usuario, lector o ‘intruso’ se limita, desgraciadamente, a los comentarios moderados de las noticias, y en alguna honrosa ocasión a la posibilidad de mandar una oportuna foto o una pequeña crónica. Insisto, ¿por qué no hacemos de los miles de periodistas acreditados que todos los años salen de la universidad una auténtica red de corresponsales, escritores o informadores?.

La cuestión es clara y sencilla, los trabajos que finalmente fueran publicados en un medio, serían ‘decorados’ con anuncios, leads, adsense o cualquier formato online acorde con el contenido, que podría ser incluso sugerido por el propio periodista, de tal forma que el éxito del escrito iría acompañado del ingreso del medio y, por supuesto, del crecimiento de la cuenta corriente del firmante.

Entendiendo que es una cuestión complicada, en mi opinión revitalizaría unas redacciones con una grave falta de estímulo, y que en muchas casos se limitan a hacer su trabajo, frase esta última poco acorde con el espíritu periodístico que tan mal nos enseñaron en la facultad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s