Modas e infidelidades


Hace ya unos meses escribí de ‘refilón’ mis experiencias veraniegas en un bonito pueblo de pescadores de Murcia, Águilas. Todos los veranos, en los primeros días de agosto, y después de habernos ‘dividido’ con otros destinos como Lanzarote, llegábamos por fin a este encantador emplazamiento que por aquel entonces todavía era respetado por el ladrillo. Podría fechar el verano de 1988 como el año del paso del ‘polo de limón al vodka con limón’, es decir, de la inocente salida de cine al aire libre, a la menos saludable iniciación al juego del duro, entretenimiento del que ya explicaré su murciana ejecución. Año tras año, después de ese salto del ‘helado al tubo’, aquellos que nos uníamos en agosto, teníamos la costumbre de preguntar por la zona o el bar por el que situaba el ambiente ese verano, y es que, todos los años, la masa joven cambiaba de emplazamiento para calmar su extraña sed nocturna sin ninguna lógica aparente. Lógica que lo único que tenía de real era que arruinaba o enriquecía bares, negocios, pubs o heladerías en función de una moda que se fijaba al principio del verano y que se diluía con la llegada de septiembre, para pasar a definitivamente a la historia en el verano siguiente. Es decir, aquellos que engordaron sus cajas y se adaptaron rápidamente a las circunstancias, vieron como al año siguiente su inversión había cambiado de barrio y el retorno se haría prácticamente imposible. A mi siempre me llamó la atención el poder de la masa para cambiar los hábitos, y me preguntaba como podríamos manejar ese grupo inicial que plantaba la semilla de la moda para poder dirgirla, y acercar esa infidelidad a unos intereses concretos.

Algo muy parecido podría pasar en Internet. Hoy, leo en la entrevista de El País al recién nombrado Director General de Google, Javier Rodríguez Zapatero, que Google no es un monopolio, a pesar de tener el 97% de cuota de mercado. Por supuesto que no es un monopolio, lo sería si no hubiese donde elegir, pero lo hay, y no sólo lo hay ahora mismo, lo habrá, y lo habrá mejor, o peor, pero mucho cuidado con las modas que pueden desbancar hasta gigantes como el de Mountain View. Entiendo que Google también nació como una moda, y aunque es cierto que lo hicieron muy bien, no deja de ser una moda prolongada en el tiempo, con el peligro que ello conlleva. ¿Alguien se atreve a decir como estará el escenario de los buscadores dentro de 5 años?. Yo no.

Otras empresas, como Nokia, podrían atravesar problemas por la misma razón. Estos días asistimos al bombardeo del iPhone, aparato que deberá estar presente entre los enseres de la ‘gente guapa’ que se precie, aunque no valga para nada o no lo sepan utilizar, pero está de moda. Así mismo, en vistas del uso que creo que deberá tener el móvil a corto plazo, Microsoft o el mismísimo Google podrían sorprendernos y copar el mercado de la telefonía para desgracia de los países escandinavos.

‘Las modas mueven montañas’, podríamos decir, pero sería demasiado fácil. Más bien pienso que el problema es que la moda puede nacer de la nada, y la masa, especialmente la internauta, es extremadamente infiel.

3 comentarios sobre “Modas e infidelidades

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