Internet (y móvil) como sustitutos naturales de la televisión tradicional


Internet, soporte de comunicación que ya va siendo considerado por algunos -sobre todo los más jóvenes- como un medio tradicional, entiendo que poco a poco va a ir asumiendo, junto a los dispositivos móviles, las funciones de la televisión, a pesar de los palos en las ruedas que tendrá que soportar de los cada vez menos poderosos canales analógicos.

No es que quiera ejercer de gurú, ni de ‘Bruja Lola’, pero es que el medio de las 625 líneas lleva años y años sin evolucionar en lo que a funcionalidad se refiere, se ha centrado en el contenido, pero ha descuidado el continente. Hace años, y en otra de ‘mis historias de Abuelo Cebolleta’, leía en un libro la explicación de un realizador en lo que para él era la evolución de la tele, y venía a centrar esa evolución en la puesta en escena de los informativos, del Telediario para entendernos. Este formato es el primero que surgió en la tele de nuestro país en su primera emisión el 28 de octubre de 1956, con un discurso de Gabriel Arias Salgado que tan sólo pudo ser recibido por 600 televisores de Madrid. Tras él, una cortina daba todo el protagonismo al ministro. Pasado un tiempo, un teléfono apareció en la mesa del locutor, indicando que ‘en todo momento estaba informado’. Unos años después, un mapa del mundo sustituyó a la ya desgastada cortina, indicando claramente que ‘todo lo que pasa en el mundo te lo vamos a contar’, para que con la ola de nuevos canales, aparecieran cientos de monitores escoltando al presentador, anunciándonos que no nos preocupásemos, ya estaban ellos atentos a lo que decían ‘los otros’ y que ya nos informarían si algo interesante sucedía. Hoy, estos informativos, o bien han vuelto al plató clásico con un reloj que muestra ‘directo’, o bien nos abren su redacción en clara señal de ‘estamos trabajando para ti’, eso sí, el ordenador no falta como parte del atrezzo en la mesa, que curioso.

Pero bien, y a lo que íbamos: ¿qué ha cambiado?, sólo el contenido, el continente sigue siendo una caja más o menos plana, con botones para cambiar y subir el volumen. Básicamente es eso, sin que haya diferido mucho de los 600 únicos aparatos que de forma privilegiada pudieron recibir las primeras señales hace poco más de medio siglo.

Sin embargo, creo que ha llegado la hora del cambio en el continente del mundo televisivo. Esta reflexión, nació entre mis inquietudes después de leer que las cadenas de televisión privadas ‘urgían al Gobierno a regular la TDT, ya que 40 canales de TDT es un suicidio para el sector’. Y estamos, una vez más, ante lo de siempre: somos empresarios y creemos en el modelo de competencia, hasta que vemos peligrar nuestros ingresos, observamos la llegada de una gran masa de competencia, y pedimos al Estado que intervenga para que mantenga el oligopolio, sin importarnos si eso es intervencionismo, censura del libre mercado o lo que sea. La llegada de la TDT, la tercera generación de la telefonía, los nuevos dispositivos móviles y, sobre todo, la simbiosis que se va dar entre Internet y el aparato de televisión, tal y como lo conocemos ahora, no es que nos vaya a abrir las puertas de los 40 canales de TDT que tanto temen los consejeros delegados de las televisiones hoy analógicas, nos abrirá definitivamente el acceso a todos los canales de ‘televisión tradicional’ que se reparten por el mundo, incluyendo todos los de habla hispana e inglesa, como si se tratase de una enorme parabólica que, demos gracias, tan sólo será ficticia y no tendrá que descansar en tejados y edificios de nuestras ciudades.

La señal de la televisión, dentro de unos años, creo no llegará por TDT. Entiendo que TDT es ‘un parche’ que va a dar paso a la banda ancha como línea de entrada de la señal, con independencia de si proyectamos esas imágenes en un pequeño móvil –interesante artículo del neonato Blog de Fernando Samaniego– o en una enorme pantalla de plasma que todavía hoy dicta la decoración de nuestros salones y sitúa el mobiliario en torno a la mal llamada ‘caja tonta’. Por lo tanto, habrá que adaptarse, y las empresas televisivas tendrán que acostumbrarse a la atomización de un mercado en el que debería poder entrar ‘cualquiera’, como ocurre hoy en Internet, y ojo, que Google tendrá algo que decir.

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