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Gobierno Abierto. La única salida política.


La forma actual de relación entre la administración y los ciudadanos ha caducado. Es así de simple y debemos considerar como amortizada la hasta ahora opción ‘menos mala’ que arrastramos desde finales del siglo XVIII. 

Desde la Declaración de Virginia, adoptada el 12 de junio de 1776, que podemos considerar como la primera Declaración de Derechos Humanos, y, por supuesto, desde la más cercana ‘Toma de la Bastilla’, fechada el 14 de julio de 1789, símbolo de la Revolución Francesa, mantenemos una relación entre la ciudadanía y el Estado que, en el mejor de los casos, tiene su clímax cada cuatro años en forma de elecciones. Después de esta mal llamada ‘Fiesta de la Democracia’, se supone que los elegidos deben regir el destino de millones de ciudadanos con un programa que, en muchas ocasiones, ni tan siquiera cumplen. Este escrito de ideas e intenciones de los partidos, poco consensuado, menos reflexionado y nada leído, con el paso de los años va acortando su fecha de caducidad, o lo que es lo mismo, en el siglo XXI, con las nuevas formas de participación y comunicación, los programas electorales dejan de tener actualidad y vigencia a los pocos meses de su aprobación, y lo que es peor, empezarán a ser días en lugar de meses a medida que las TIC impregnen la realidad social, como ya se está viendo en la calle y, por supuesto, en la esfera virtual.

La evolución tecnológica no se puede separar de la realidad democrática en la que vivimos. Los ciudadanos ya participan activamente en las decisiones de empresas, y así se lo hacen saber directamente, se comunican con ellas y también se comunican entre ellos. Están cambiando las relaciones, se está eliminando la lejanía física y están dejando de tener sentido infinidad de ideas, posturas, filosofías y, como no, objetos, como las cabinas, e incluso las imprentas, que también fueron perseguidas y demonizadas a finales del siglo XV.

La inmediatez está ahí, y la consecuente impaciencia ante la falta de respuesta también. Estas personas, ricas, pobres, trabajadoras, estudiantes, paradas o empresarias, ya han adoptado en su vida las nuevas tecnologías. Tal vez alguna capa de edad todavía no, y sigue situando su vida y horarios bajo la estricta batuta de la unidereccionalidad, cenando a la hora del informativo de televisión o leyendo diarios al mismo ritmo que engullen el café con leche. Sin embargo, la mayor parte de la población, y cada vez más, necesita estar alimentada de realidades, ya no se deja engañar y, lo más importante, quiere ser parte de esa realidad, transformarla, construirla y participar. Su única herramienta, pero por multitudinaria, poderosa, son las TIC. Es su lugar de encuentro, su espacio de decisión y, si me lo permitís, su pequeño Parlamento en el que deciden las cosas y marcan las tendencias. Por otra parte, nuestros representantes e instituciones están a años luz de adoptar la frescura, transparencia e inmediatez que podría aportarles su inmersión, total y sin medias tintas, en la realidad tecnología que inunda la calle. Es cuestión de voluntad, actitud y querer hacer las cosas.

Políticos, partidos, instituciones y administraciones públicas siempre se han situado lejos de las opciones tecnológicas que han ido adoptando los ciudadanos. Este decalaje se ha mantenido en un honroso paralelismo aceptable, siempre mirando hacia arriba, desde la parte pública, los avances TIC que se iban produciendo en particulares y empresas. Desde más o menos 2008, este separación, insisto, decalaje, entre la evolución tecnológica de la realidad de la calle y los que se suponen representan a los primeras se ha disparado, y está posicionándose en distancias cercanas al ridículo, situación sonrojante que se dará muy a corto plazo si no se toman medidas y los elegidos se involucran en la conversación digital, directa, sincera, transparente y colaborativa, o lo que es lo mismo, se verán fuera del juego de la nueva democracia si no adoptan los principios de Gobierno Abierto, que como hemos dejado claro, no se puede separar, ni un ápice, de los avances en materia de Nuevas tecnologías.

Algunos sitúan el nacimiento del ‘Gobierno Abierto’ moderno en el mismo día en el que Barack Obama promulgo su ‘Memorandum de Transparencia y Gobierno Abierto’, concretamente el 21 de enero de 2009, una fecha muy importante, de la que debemos extraer sus más inmediatos catalizadores. Es cierto que se habla de este fenómeno, incluso sin saberlo, desde hace décadas, pero por no perdernos en fecha y épocas ya pasadas, centremos esta necesidad ciudadana a finales de la primera década del siglo en el que estamos.

2008, en mi opinión, representa el año del definitivo distanciamiento de la sociedad y los políticos, enorme brecha que, lejos de acortarse, aumenta. Dos factores claves fortalecen este despegue que sitúa, a la poco definida ‘clase política’, en el espacio del ridículo tecnológico. La irrupción y la popularización de las redes sociales por una parte, con un microblogging incipiente, empezaba a demostrar su poderío, a lo que se suma, como factor incluso más determinante, la evolución de los dispositivos móviles en forma de auténticos centros de control, coordinación y comunicación en los bolsillos de cada vez más ciudadanos, conformando una bomba democrática que ha derivado en el abismo político que nos frustra hoy. Por lo tanto, espacios de comunicación masivos, implementados en dispositivos móviles inteligentes, han dado pie a una clase social que no diferencia entre cuentas corrientes, status, filiación, género, raza o procedencia, pero que pone, y de que manera, en contacto ideas, propuestas, acciones y discusiones, todo ello aderezado con la inmediatez, dirigiéndose a unos interlocutores que no están presentes en esos espacios, pudiendo estarlo.

Gobierno Abierto no se puede entender sin tener en cuenta el factor tecnológico, básico y fundamental en la evolución política hoy, y espita para lo que, a muy corto plazo, marcará el pulso político de los países de nuestro entorno, que fijaron las reglas del juego en función a lo adquirido a finales del siglo XVIII. Ya no hay excusa. Solo hace falta voluntad para configurar un nuevo status quo entre ciudadanos y políticos, que deberían ser lo mismo, ya que se les supone nuestros representantes. Esa nueva forma de convivencia se llama Gobierno Abierto. Las herramientas para su desarrollo son básicamente tecnológicas, pero inexorablemente deberán ir siempre acompañadas de espacios presenciales que den continuidad al debate digital, solo así aseguraremos la mayor de las transparencias, la máxima colaboración y la participación de todos, o al menos trasladaremos la realidad de que quien quiera puede participar y cambiar las cosas.

Una vez concretado y aceptado que el Gobierno Abierto es la única salida política, y, además, que el lugar de encuentro entre ciudadanía y representantes debe ser el espacio TIC en cualquiera de sus soportes como ampliación del encuentro presencial, tenemos la enorme oportunidad de hacer las cosas con la lógica de quien realmente se cree los principios de la transparencia, la colaboración y la participación. Será difícil que se transmitan estas intenciones marcando las pautas, desde un principio, sobre la comodidad de un despacho oficial, una sala de reuniones de caoba o un exclusivo club de trajes y corbatas. Lanzar propuestas desde arriba nunca fue una gran idea, y no serán aceptadas, es hora de preguntar y construir desde abajo, colocando entre todos el primer ladrillo y, si se diera el caso, dejemos el último ladrillo para quienes fueron elegidos democráticamente, pero solo el último.

Salir a la calle, montar foros de debate e iniciar una conversación real con la ciudadanía que tenga su continuidad en espacios digitales, se me antoja como un primer paso, que no el único y, por supuesto, nunca el definitivo. Los legítimos representantes del pueblo tienen la obligación de estar ahí dónde está el pueblo, la gente, los ciudadanos y, en definitiva, aquellos que les eligieron, con independencia del soporte. Por lo tanto, es imprescindible que estén en la calle, conversando, sintiendo, convocando foros, pero bien es cierto que las personas, y cada vez más, donde están presentes es en el entorno digital, que debe ser el apéndice que se construya con los datos del termómetro de la calle. Si me lo permitís, y mencionando a una vieja red social ya venida a menos, lo que quiero decir es que los ciudadanos tienen una second life, que cada vez es más la first life. No hay mejor definición de red social que ‘plaza del pueblo’, en el que se intercambia información, se conversa, se decide y, como en las mejores familias, se discute. De todas formas, no nos quedemos en la red social, el mundo cambia y el escenario con él, de esta forma, los potenciales votantes se sitúan en nuevos soportes, que son la evolución de las redes sociales, como éstas lo fueron de los chats y los foros. Las nuevas plazas del pueblo son todos los sistemas adaptados y pensados para la movilidad, como las mismas redes sociales, pero adaptadas a móviles, así como los sistemas de mensajería, los espacios de georreferenciación y, sobre todo, los que vengan. La denostada ‘clase política’ debe permanecer atenta a las novedades, juega en desventaja, ya que a la ciudadanía no le hace falta, adquiere estos hábitos de forma natural, son, en definitiva, los ‘early adopters’.

Preparando el terreno de juego en el que se desarrollará el partido de la comunicación, en la interactuación y la construcción conjunta de la sociedad día a día, tenemos que tener más que presente que la posición predominante no está precisamente en la ciudadanía, comenzamos, por tanto, el partido con el marcador en clara ventaja de los que, efectivamente, decimos que ostentan el poder, cuando en realidad deberíamos decir que son a los que, temporalmente, hemos cedido la vara de mando. Para poder establecer un diálogo directo y de ‘tú a tú’, es necesario que ambas partes, representados y representantes, cuenten con las mismas herramientas y partan desde el mismo punto. Información es poder, Gobierno Abierto es repartir la información y, en consecuencia, es dividir el poder. Esta es la clave del obsoleto freno en la apertura de un gobierno a día de hoy, ya sea municipal, regional o nacional. Es obvio que nadie de los que están ahora en el papel de representantes quieren diluir su poder y su estatus entre los que les han situado ahí. Puede parecer una antítesis, y lo es, pero aquellos que han sido elegidos por mi no quieren devolverme el poder de la acción, que se basa en el conocimiento, es decir, en la información. Gran error de apreciación y, a buen seguro, actitud caduca que les catapultará, tarde o temprano, al más triste de los olvidos.

Puede ser que hace años, tan solo una década atrás, esto de ‘repartir el poder’ pudiera ser una tarea complicada. Los medios de comunicación tradicionales eran prácticamente la única fuente de información, de hecho eran conocidos como el cuarto poder. A día de hoy, ya bien entrada la segunda  década del siglo XXI, no solo ha cambiado el espacio en el que se informan los ciudadanos, ante todo estamos ante una forma de compartir información, en la que ésta se construye entre todos y cualquiera puede ser fuente. Fundamentalmente estamos hablando del camino que se ha recorrido entre la vieja unidireccionalidad de los soportes de información a la bidireccional exigida en los nuevos soportes y espacios de comunicación e información, una vez más, basadas en las nuevas tecnologías.

Periódicos, revistas, televisión y radio son emisores, la audiencia es receptora. Salvo excepciones extremadamente filtradas, como son las cartas al director, las llamadas en directo o los ya viejos SMS, todos estos medios tradicionales han actuado emitiendo en una sola dirección. Al otro lado, el manipulable espectador consumía, nunca mejor dicho, aquello que se le decía, sin digestión alguna ni posibilidad de rebatir lo que leía, escuchaba o veía. Hoy, la diferencia entre receptor y emisor se está acortando. Muchas veces no sabes quién se dirige a quién, y es ahí donde nace la conversación, se genera la bidireccionalidad, y cualquier persona, con elementos tecnológicos a su alcance, puede ser fuente de información o consumidor, pero en cualquier caso, siempre tiene la posibilidad de participar o estar en el papel que considere, se gane o, en actitud sobresaliente, sea señalado por el resto de la masa colaboradora y participativa.

Los gobiernos, como decíamos antes, muy dados a anclarse en el pasado, no han entendido la llegada de la bidireccionalidad y la caída, en algunos casos estrepitosa, de los medios de comunicación. Consideran, erróneamente, que la portada de los diarios en papel son los que marcan tendencia, y sí, podría ser en algunos casos, pero cada vez menos. Esto mismo, sumado a los titulares de informativos de las televisiones y  las radios, sustentadas por el mismo sistema que maneja los hilos y las dosis informativas, son el inválido autotest de la actualidad y bienestar para los representantes públicos, y esto hace, de momento, que ante la ceguera de muchos sea difícil que se den las condiciones de fomentar el Gobierno Abierto en casi todas las instituciones. El papel de los medios de comunicación tradicionales, que hasta ahora denunciaban e indicaban el camino de los gobernantes, está siendo sustituido por una gran masa de ciudadanos que realmente marcan el camino, y están obligando a que sean escuchados. Punto, éste último, obviado por los elegidos y que entienden los electores, ya que entre ellos si que ven, con claridad, la tendencia asumida e impulsada por ellos mismos. Entre los ciudadanos no hay opacidad, tampoco se entiende el egoísmo y nunca se aceptará el individualismo, es por ello que Transparencia, Colaboración y Participación marcan el camino de la ciudadanía, es decir, el Gobierno Abierto existe, pero quien lo tiene que adoptar no se entera, o mejor, no se quiere dar por enterado.

Adentrados en una época en la que no existe disculpa alguna para igualar el ‘establishment’ global entre los habitantes de un país –incluyo, como no, a políticos-, afrontamos un profundo cambio en la relación entre la ciudadanía y la administración. Va a resultar doloroso, muy doloroso, pero solo para el decimal último del porcentaje de la población, es decir, para los que ahora se asientan cómodamente en lo que ellos creen que es un escalón más. Es cierto que generalizar es siempre errar, pero en este caso creo que estaríamos hablando de excepciones y podemos, mientras no se demuestre lo contrario, afirmar que son daños colaterales situados en el peor sitio y en el peor momento.

En una sociedad moderna solo cabe el ‘Gobierno Abierto’ como nueva forma de avanzar. No me preocupa, en absoluto, que los gobiernos se cierren en la implementación de este modelo de convivencia tan demandado, día a día, por la práctica totalidad de los ciudadanos. Sí, por la práctica totalidad de los ciudadanos, que, casi siempre sin saberlo, lo están pidiendo a gritos en sus conversaciones privadas, reflexiones, demandas y, por supuesto, en afirmaciones públicas, exigencias y, como no, manifestaciones. No me preocupa si se adopta o no, ya que la propia inercia del tiempo en el que nos movemos hará que la transparencia, la colaboración y la participación sea la forma natural de lo que para entonces no será gobernar, será gobernanza, será, sin duda Gobierno Abierto. La posible no adaptación de algunos malos representantes de la ciudadanía a los tiempos de conversación continua y construcción social conjunta, llevará, inevitablemente, a la desaparición natural de éstos. No será nada traumático, simplemente sucederá, de la misma forma que otras figuras han dejado de poblar los paisajes de nuestros pueblos y ciudades por la propia evolución y, una vez más, por la llegada de la tecnología.

No hace falta sacar la bola de cristal, o remitirse a películas que en su día se adelantaron al tiempo como ‘Regreso al Futuro’ para entender como funciona un ‘Gobierno Abierto’. Como dije al principio de este post, este modelo ya está funcionado entre la ciudadanía y las empresas, entre ellos, existe la conversación, la crítica, la ayuda y la colaboración, sucede las 24 horas del día y dentro la más absoluta transparencia y franqueza. Los gobiernos, es decir, los que deberían ejercer la ‘gobernanza’, que no ‘gobernar’, tienen la obligación de escuchar a la ciudadanía de forma continua. Para ello, deben abrir absolutamente su espacio vital, aportar todos los datos que sean demandados y, en definitiva, ser absolutamente transparentes. Sin esta primera premisa, vital en el manual de un buen ‘Gobierno Abierto’, no podemos continuar. En ese momento estamos en España, en el momento del oscurantismo injustificado que empieza a desmoronarse. Mientras esperamos a que el absoluto colapso suceda, los intentos de hoy no dejan de ser meras acciones de marketing más o menos logradas. Establezcamos un campo de juego neutral con los mismos datos y herramientas en cada lado, impensable seguir con las siguientes premisas, y entonces, hablemos.

Pronto, muy pronto, y de forma natural, la transparencia formará parte de nuestras vidas en la relación con los que elegimos. Por lo tanto, en igualdad de condiciones, podremos participar en la elaboración de proyectos y en decidir nuestra forma de vida, actuaciones, políticas y decisiones trascendentes e intrascendentes, que de todo habrá. Finalmente, la colaboración, en cualquier materia en la que entendamos que podemos aportar, será bienvenida por los que a día hoy consideran que están por encima de sus propios representados, opinando sobre temas en los que, a buen seguro, tiene mucho más criterio el ciudadano especialista que lleva años tratando el tema pero que hoy no es preguntado. Sintiéndose partícipe del proyecto aportará como el que más, y siendo por su país, lo hará de forma orgullosa y altruista.

Afortunadamente se está dando ‘la tormenta perfecta’ del ‘Gobierno Abierto. La situación de fuerte demanda en la calle, inexorablemente unida al distanciamiento insoportable entre políticos y pueblo, sumado a la irrupción brutal de las Tecnologías de la Información en forma de redes sociales y teléfonos inteligentes, están sirviendo de catalizador para que, más pronto que tarde, comience la verdadera conversación y se inaugure una nueva era en la que los ciudadanos se sientan partícipes y estén dispuestos a aportar en la construcción del futuro de su país, todo ello en un escenario, todavía por construir, de absoluta transparencia. No va a ser fácil. Más difícil, para algunos, será prolongar el modelo actual.

De todo esto, y con el mismo título, hable en las II Jornadas Gobierno Abierto y Opendata, celebradas en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Podéis verlo a continuación:

Empresa, periodistas y EREs ¿Autocrítica?


Vaya por delante mi solidaridad con todas aquellas personas que están sufriendo en su propia piel EREs, despidos y ceses en casi todos los medios de comunicación de España y de gran parte del planeta. El mundo está cambiando, la manera de relacionarnos también y, como es habitual, ante los cambios hay víctimas, como ya vaticinó Darwin en su libro ‘El Origen de las Especies‘. No obstante, esta crueldad tozuda de la supervivencia, sin ser falsa, la sustituiría por la frase ‘Inteligencia es la habilidad de adaptarse a los cambios‘, afirmación de Stephen Hawking, éste sí, ejemplo de superación, adaptación y aportación a la humanidad.

Ha quedado claro, y en ocasiones más que claro, que los verdaderos responsables de la situación son los directivos, editores y empresarios del sector de la comunicación. Su gestión ha sido mala o muy mala, no han sabido adelantarse al futuro y se han limitado a colocar a los de siempre en los mismos sillones, bailando de un medio a otro y aplicando las mismas obsoletas y suicidas recetas aquí y allá. Tampoco es cuestión de dar nombres, siendo obvio que la savia nueva luce por su ausencia en lo más alto de los puestos de dirección en medios escritos, online, televisión y radio. Muchas han sido las advertencias, incluso hace 4 años desde este modesto blog , que no han sido escuchadas. Ahora, con un mercado completamente diferente al del boyante 2007, tan añorado por los cortoplacistas e inmovilistas Directores Comerciales, hay difícil marcha atrás.

¿Y los periodistas? ¿Qué han hecho los periodistas para evitar esta situación? ¿Han tenido la habilidad de adaptarse al cambio? Entendiendo los medios desde dentro, después de bastante años trabajando para ellos, incluyendo el tan nombrado y ‘burbujil’ 2007, definitivamente, los periodistas no se han adaptado al cambio y son también responsables de la situación, no siendo objeto de este Post medir el grado de responsabilidad de unos y otros. La penetración de las nuevas tecnologías en las redacciones ha sido siempre, desde sus comienzos, mucho menor que el que se requiere a quien supuestamente debe estar plenamente informado. Los nuevos soportes, ahora forzados aliados, siempre fueron una amenaza, dejando crecer pequeños espacios que, sin barrera de entrada gracias a Internet y sus derivados, se han convertido en medianos y que, por cantidad, ya superan la influencia de muchos medios tradicionales.

Los periodistas, todos, con independencia del medio o soporte, deben saber que el lugar en el que trabajan es un negocio, especial, pero un negocio, que desde hace un tiempo ya no es tal. El clientelismo externo, intoxicador de la parcialidad y, por tanto, impulsor de la entrada de otras fuentes de información en la mente de sus ya ex-clientes, así como el clientelismo interno, que comprendo y con el que me solidarizo ante la amenaza de perder el puesto de trabajo, han hecho el resto. Muchos periodistas no han podido adaptarse al cambio por imposiciones de sus jefes, llegándoles incluso a prohibir la utilización de redes sociales. Esos altos cargos editoriales ahora creerán que Internet les han hundido el barco, cuando no han sabido coger el rumbo que la realidad les marcaba en forma de Movilidad, Redes Sociales, Periodismo de Datos, Datos Abiertos, Reutilización, Transparencia y muchos más términos que deberían estar presentes con el mismo protagonismo que la máquina del café.

Es difícil entender como se ha llegado a un modelo de bicefalia en los medios de comunicación que confronta diariamente la parte de negocio y la parte editorial. Lo que sí es fácil de entender es que ambos son responsables de lo que hoy puebla los titulares de todos los medios, menos el propio, con EREs, despidos, ceses y pocas más soluciones a un futuro nulo. Los periodistas, las hoy víctimas, con el atenuante de la imposición jerárquica, deberán autoevaluarse en su grado de responsabilidad.

MODELOS DE COMUNICACIÓN: sin noticias del cambio


No es por insistir, pero el modelo de la comunicación está cambiando, por mucho que se empeñen en mi facultad en seguir dando el mismo temario que cuando abandoné aquella mole de hormigón, que contaba la leyenda que se construyó siguiendo los planos de una cárcel de mujeres ¿y por qué de mujeres? me preguntaba yo.

Ya se ha escrito bastante, incluso en esta bitácora, y tampoco era necesario, tal vez, recordar que el mundo se encuentra en un momento apasionante, pasión que abarca el terreno de la comunicación, y otros tantos campos, a veces buenos, a veces malos. La llamada de la llegada del lobo ha sido escuchada, en menor medida, por algunos medios de comunicación, aunque hay que reconocer que, la forma de entender la adaptación del fiero Internet a los diferentes soportes, ha sido ridícula. Sin tapujos ni medias tintas. Televisión, prensa escrita y radio, sin entrar en otros soportes menores, han intentado, e intentan, hacer un guiño a la red pasando de puntillas por ella y, en algunos casos, ni tan siquiera existe ese voto de confianza, maquillaje, prueba, acercamiento o como quieras llamarlo. 

Este post lo escribo desde mi iPad, o lo que es lo mismo, desde una tableta, que ya les gustaría a muchos que fuera de chocolate para acabar con ella de un simple mordisco, volviendo a la prehistoria de la comunicación y, en definitiva, al poder de unos pocos. Desde este aparato, puedo ver la tele, leer prensa y (aunque sea hombre) escuchar a la vez la radio, pero si me quedara aquí, cometería el error que muchos están cometiendo, estaría haciendo lo mismo que hacía mi abuelo hace 40 años, pero en otro soporte, y no es así. Es evidente que ya no veo la tele como antes, podemos elegir canales del mundo, ver series antiguas, modernas, descargarte vídeos, crearte tus animaciones, comentar, compartir, enviar, editar y, al fin y al cabo, hacer lo que me da la gana, que, sin lugar a dudas, es lo que está primando a la hora de ampliar conocimientos. Igualmente podría informarme por medio de la prensa escrita digital, y lo hago, pero escritos son los diarios, y también otras webs, blogs, chats, foros, redes sociales y ‘n’ espacios que tendrán mi confianza en tanto en cuanto su información satisfaga la universal necesidad de informarse. Por último, y sin menospreciar a aquella que ya se intentaron cargar con la aparición de la televisión, la radio se escucha nítida desde este invento de Apple, con la diferencia de calidad y selección mundial de emisoras que no voy a entrar al detalle, sin embargo, la caspa sigue aflorando en su contenido, devolviéndonos a su imagen clásica de aparato de museo, cuando debería ser todo lo contrario.

Como profesionales de la comunicación, y volviendo al error de entender que se ve, se lee y se escucha igual que antes, entiendo que debemos ponernos en la piel del usuario de una vez por todas, y dejarnos de hacer el paripé, haciéndonos creer que estamos en el río de los cambios añadiendo a nuestra web un enlace a Facebook, Twitter, Tuenti, Linkedin o lo que sea, cuando lo que tenemos que comprender es que el cambio es mucho profundo que todo eso, y está muy bien emitir tuits en directo en televisión -muy pocos se han atrevido-, añadir la caja de Twitter en prensa con temas candentes o leer los comentarios de los oyentes en el grupo de Facebook de cualquier programa de radio, pero la apuesta debe ser mucho más amplia, o nos ahogaremos en la corriente en lugar de seguirla.

Hoy en día, para montar una televisión, basta con una cámara y un streaming -incluso gratuito-, si por el contrario quieres montar un periódico al uso, ni que decir tiene las múltiples posibilidades para salir a la luz al mayor de los niveles, al menos, de diseño, y si lo que piensas es montar una radio, pues no pocos son los espacios que te invitan a crear tu propia emisora y emitir sin necesidad de permisos, leyes y tapujos, todo ello creado con la única intención de mantener el ‘status quo’ e imponer ‘el orden’.

La capacidad de supervivencia de los medios tradicionales es directamente proporcional a su capacidad de adaptación al nuevo escenario, una virtud que ya se ha demostrado escasa en cualquiera de los tres soportes mencionados en este post. Las barreras de entrada ya no existen, y son muchas las iniciativas que tratan abrirse paso, que por su alto número, y por mera estadística, triunfarán.

Especialización, tanto en materia como en espacio, orientación al usuario, construcción del medio como vehículo colaborativo y mucha, mucha valentía, es la receta que propongo para cambiar modelo, nada nuevo para los que vienen, algo absurdo para los que van.

TDT: El timo de la televisión digital


El mes pasado, unos días antes de lo previsto, y un par de años antes del cumplimiento del plazo establecido por la UE, alcanzamos en España el ya familiar ‘apagón analógico‘, que para algunos pequeños pueblos ha sido un verdadero apagón, sin que a ellos les llegue señal alguna en estos momentos. No sin solidarizarme con estos habitantes, la intención de este post no es precisamente denunciar la situación de esta gente, más bien me dispongo a exponer la ignorancia de los gobiernos en la imposición de este sistema, con el beneplácito, como no, de los grandes medios audiovisuales que ahora ocupan los grandes quesitos del share.

La TDT es una chapuza. Una chapuza y un negocio, que no ha disimulado un ápice sus intenciones desde su ‘relanzamiento’ en noviembre de 2005, cuando lo hicieron coincidir con la campaña de Navidad, provocando que en aquellas zonas en las que se veía -principalmente grandes ciudades y sus áreas de influencia, donde vivía por aquel entonces- los sufridos ‘teletontos’ nos lanzáramos a comprar esos ‘aparetejos’ que nos ampliarían el espectro con la mayor de la moralla entrando en nuestras casas. Casualmente, esa coincidencia ’hizo coincidir’ -y valga la redundancia- con que los grandes almacenes y tiendas especializadas contaran en sus estantes con los codificadores TDT como estrellas de aquellas fechas, sin miramientos, a sabiendas que muy pocas antenas estaban preparadas.

Todo ese esfuerzo, toda esa promoción y toda esa propaganda para imponer la TDT  -insisto, una ñapa, por su evidente temporalidad y carácter de parche- bien podrían haberlo focalizado en la mejora de las comunicaciones por Internet, abaratándola, universalizándola y llegando, esta vez sí, a todo el territorio. De esta forma, nos ahorraríamos el lamentable paso por la TDT e iríamos directamente a lo que en breve formará parte de nuestras aburridas vidas televisivas: la televisión por IP, o lo que es lo mismo, ver la tele por Internet, que nada tiene que ver con verla por el ordenador, que también.

Hace bien poco, mi cuñado me enseñaba su flamante nueva tele de infinitas pulgadas que incluía la opción Wi-Fi, y que de una forma lamentablemente encorsetada te daba la posibilidad de navegar por YouTube, Yahoo! y otros espacios más o menos populares, pero no disponía de lo esencial, un buscador de teles como Gratis TV en el que pudieras seleccionar la televisión que quieras por temática, programación, idioma o país, algo que llegará, y que algunos ya tenemos en práctica en nuestras casas, pero que se popularizará justo cuando los de siempre consideren que ya ‘hemos’ (nosotros, los ‘teletontos’) amortizado los aparatos que ayudaron a cubrir de negro cenizo sus cuentas en los últimos años.

En la práctica ya estamos preparados para la televisión por IP, para ver todos los canales del mundo que nos apetezcan, para borrar definitivamente del mapa las antenas y paelleras que afean tejados y ciudades, para interactuar en los programas de forma natural, y estamos preparados para mucho más, para mucho más de lo que quieren gobiernos y medios de comunicación, para evitar la ‘brecha digital’, que incluso ellos, de forma falaz, dicen que trabajan para su estrechamiento.

Los medios alimentan políticos -con mensajes- y los políticos alimentan medios -con dinero-, ya sé que no digo nada nuevo, pero sí es verdad que es más fácil alimentar una sólo boca, o dos, o tres, o como mucho las cinco que a la vez alimentan los cerebros de los ciudadanos votantes con los mensajes que quieren emitir, que alimentar miles de medios que de comunicación a los que pudiéramos tener acceso todos nosotros a través de la Red, es la tan manida como real atomización, un verdadero peligro para unos y una auténtica oportunidad para todos.

Este sinsentido tiene fecha caducidad, cercana, y nuestro problema de no haber amortizado el ‘aparatejo’ que compramos en esas ya lejanas Navidades -el que lo conserve y no se haya comprado ya 4 teles con ‘TDT integrado’- será mínimo en comparación con el papelón que van a tener los estómagos agradecidos de los grandes grupos de comunicación y los mal llamados gobernantes, que, al igual que les está pasando con la gestión en las Redes Sociales de sus marcas personales, de partido y de las instituciones que dicen representar, estarán más perdidos que el ‘barco del arroz‘.

La inercia nos lleva a ver la tele por Internet, muchos ya lo hacemos, y ya he tratado de explicar las razones por las que no se fomenta ni populariza esta forma de entender las viejas 625 líneas. Como siempre, en el ámbito en el que nos movemos, es el tiempo el que está situando a cada uno en su sitio, revolucionando mercados y trasladando al baúl de los recuerdos modelos de negocio, empresas, profesiones y servicios, y a su vez dando a conocer nuevos patrones, sociedades, empleos y ocupaciones relacionados con este mundo.

Algunos lo ven, pocos, otros prefieren la comodidad de la ceguera, e incluso hay quien se adelanta de una forma clara, como TV3, que emite en directo con su aplicación para iPhone. Una aplicación muy buena, tal y como recordaba hoy mismo Daniel Torres Burriel en uno de sus Twitts. Una televisión que, si bien no pertenece a ningún grupo mediático líder, a nadie se le escapa que es pública, demostrando la excepción que rige la norma en el ámbito de la inteligencia.

Captura iPhone de la emisión esta tarde, del directo del segundo canal de Tv3, 3/24

La movilidad, siguiente paso natural -y que a todos nos está cogiendo claramente con el pie cambiado- unificará, en mi opinión, radio, televisión, prensa escrita, vídeo en demanda, libros y cualquier forma de comunicación que se nos ocurra en uno sólo, claro que, y aquí si que asumo toda mi responsabilidad, no le estamos haciendo ningún caso al usuario que ya se está trasladando de forma masiva el soporte móvil, mucho más rápido de lo que Internet captó adeptos a finales de los 90 y principios de milenio.

TWITTER EN LA TELE: Primer ‘tweet’ en directo de una televisión nacional en España

8 febrero, 2010 7 comentarios

Sin llegar a marcar el hito del 28 de octubre de 1956, fecha oficial del inicio de la televisión en España, acabamos de asistir a lo que sin duda está marcando y marcará el futuro de la televisión: su integración en nuestro ordenador, iPad, portátil o como quieras llamarlo, que, en definitiva, no es más que su integración en Internet. El asunto en cuestión es que Veo7, la televisión liderada por Melchor Miralles, acaba de emitir el primer ‘tweet’ en directo que haya emitido nunca un programa de televisión en nuestro país a nivel nacional, y aunque no es nada nuevo en los países anglosajones, sí lo es en el nuestro. Aquí tenéis la foto del momento:

Fuente: Veo7

Un gran paso para la bidireccionalidad y la unificación, en un único aparato, de tele, reproductor de imagen, ordenador, teléfono y, si me apuras, la  Thermomix ;-) .

PRENSA EN INTERNET: Innovar y comercializar (o Requiem)

4 octubre, 2009 2 comentarios

Muchas son las noticias que, cada vez más, hacen ‘sangre’ hablando de la debacle que están sufriendo los medios tradicionales en beneficio de Internet, algo evidente y anunciado por todos los que pertenecemos a este último entorno. Sin embargo, y a pesar de las cifras, tengo la sensación que seguimos siendo ‘anunciadores’, y parece que nunca lo van a advertir quienes lo tienen que contemplar, o más bien, que éstos están atenazados por un mal disimulado miedo.

Entre lo mucho que se escribe, centrémonos en dos artículos muy comentados estos últimos días en Twitter. El primero, publicado por The Guardian, centra su titular en el claro adelantamiento que ha protagonizado Internet sobre la televisión, en lo que a que inversión publicitaria se refiere, en el primer semestre de este año. Claro que algunos alimentarán su voluntaria ceguera alegando que estos ‘son datos del Reino Unido’, y lo afirmarán sin faltarles razón, aún sabiendo que Dinamarca hace tiempo que ya dejó la vieja ‘caja tonta’ como tragaperras de la publicidad. En segundo lugar, Cotizalia no duda en entonar un ‘Requiem por la prensa americana‘, refiriéndose a diarios que, como el Rocky Mountain News, han tenido que cerrar a tan sólo dos meses de celebrar su 150 cumpleaños.

Rocky Mountain News

Ambos ya han sido muy comentados y han provocado el engrose de diversas factorías de blogs, por lo que no los volveré a analizar.

Sin embargo, si me gustaría extraer la información relativa al reparto de ingreso de Internet que tratan de explicar:

Por una parte, el estudio del IAB analizado por el diario británico, habla de que el 60% de la inversión publicitaria en la red pertenece a ‘search’, es decir, extrapolado a nuestro país, tendría un único dueño y señor, Google. Por otra lado, y siguiendo en tierras inglesas, tan sólo un 18% de la inversión publicitaria es display, esto es, banners y lo que viene siendo habitual que ofrezcan los diarios online a sus clientes, tratando así de internetizarlos, muy por debajo del 22% que representan los clasificados digitales, que han experimentado un crecimiento del 10,6% respecto al año pasado.

‘En la otra mano’, que dirían los habitantes del país estudiado en el segundo artículo, nos dicen que los ingreso publicitarios en la prensa escrita tradicional están sufriendo unas caídas del 28,3% en 2009, esperando que sea de un 10% el golpe de 2010, algo insostenible para este sector tan necesitado del carísimo recurso humano.

Mezclando las dos problemáticas, tenemos que por una parte el producto que están ofreciendo los diarios tradicionales a sus clientes en su versión online es la parte más raquítica del pastel publicitario, el branding, lo que lleva consigo los números rojos que tiñen año tras año las cuentas de resultados de las versiones .com de los periódicos, con unos clasificados que aún con un futuro no tan gris, tienen grandes enemigos en forma de verticales que camparon a sus anchas por tierras que hasta hace bien poco creyeron de su propiedad los antiguos señores feudales del papel. Por otra parte, la contratación publicitaria de la tinta en forma de ‘mancha’, está cayendo de forma dramática y sus nóveles fuerzas comerciales -nóveles porque hasta hace muy bien poco la publicidad se ‘dispensaba’ y o no se ‘ofrecía’- no saben, o no quieren saber, vender otra cosa.

Por lo tanto, la gallina de los huevos de oro muere en los medios tradicionales, y en sus versiones online no se monetiza ni para cubrir gastos. Resultado: música de Mozart, tal y como anuncia Cotizalia.

Siendo menos alarmista, pero igual de realista, entiendo que hay soluciones, que pasan por medidas de cambio de rumbo, que en primer lugar deben ser adoptadas por los constructores de marketing y en segundo término, y de forma especial, por los acomodados departamentos comerciales. Los primeros deben, o si me lo permitís, debemos, crear producto nuevo, innovador en el ámbito de Internet y siempre bidireccional, creciendo hacia formatos que ofrezcan valor añadido al cliente, datos de retorno, y, sobre todo, seamos capaces de afrontar con el cliente, al menos, el mismo riesgo que ellos corren anunciándose con nosotros, es decir, que si ellos ganan, nosotros ganamos, pero de verdad, no vale el ‘no es mi problema’ que oí hace bien poco a una agencia cuando su cliente se quejaba de que su campaña sólo había recibido cinco llamadas y todas ‘para cotillear’. Los segundos, los comerciales, deberán adaptarse al nuevo orden, dejando los márgenes estratosféricos, ajustando la necesidad del cliente, e informando, en todo momento, de la evolución de la campaña, y, por tanto, deberán reponer suelas y tapas de sus zapatos, para abandonar sus moldeadas sillas por la dureza de la calle, y tomar como nuevo miembro al porfolio de producto, olvidándose de esperar a que suene el teléfono para tomar pedido como si de un establecimiento de comida rápida se tratara.

En definitiva: hay solución para los diarios en su versión online, pero pasa por la creación de producto publicitario completamente nuevo, bidireccional, mesurable, segmentado, inteligente y atractivo para el usuario, y pasa por la reforma, esta vez sí, al 100%, de las estructuras comerciales actuales.

Cómo Twitter cambiará la manera en que vivimos


De esta manera en la que titulo este post es como la revista TIME titula el artículo que protagoniza la portada de su próximo número en América, Asia, Pacífico Sur y, por supuesto, Europa:

time_portada

Desde luego el artículo me ha encantado. Hace ya tiempo que observo el fenómeno Twitter como algo que verdaderamente va a revolucionar la comunicación, es más, es una prueba más de que tendemos a la gratuidad de las comunicaciones. No me imagino a mi hijo quedando con los amigos a base del envío masivo masivo de SMS, simplemente dará a conocer dónde está, o ni eso, algo lo dirá por él y los amigos irán al encuentro. Todo esto llevado al ámbito de la publicidad no puedo ni imaginarme el abanico que se nos abre.

Más allá del interés de lo publicado por TIME, y lejos de fijarme en el clásico chascarrillo que han metido de los feeds más populares entre los VIPS, me quedo con otro anexo en el que tratan ‘las 10 maneras en que Twitter cambiará los negocios americanos‘, y dentro de estos 1o ejemplos, para mi, el más interesante: Ayudando a la Televisión y a los Medios Impresos. No podría estar más de acuerdo, aunque no lo estemos utilizando, y en muchos casos lo estemos malutilizando con abusos e incoherencias que ya comenté en un antiguo post con título ‘¿Qué es Twitter?‘.

RTVE: Cambia de imagen, también en el ‘punto es’


RTVE ha cambiado de imagen hace escasamente dos horas. María Casado nos lo ha escenificado elegantemente en la segunda edición del Telediario. Esto me ha llevado a sentarme frente al ordenador para saber si también en la Web han hecho los mismo ajustes. Efectivamente, el cambio de imagen ha sido aparentemente paralelo, aunque bien es cierto que no había entrado en el resto del día en las páginas de la cadena estatal. Me alegra saber que la parte de Internet empieza a tener el mismo peso que la parte tradicional en las televisiones.

La página ha cambiado, pero estructuralmente sigue siendo la que tenía hace unos días. Me gusta, es limpia, y a buen seguro que sacaré sacaremos muchas ideas de sus secciones y composiciones. Sin embargo, he intentado colgar en este post el vídeo de María Casado dando paso a la nueva mosca y me ha resultado imposible, no han tenido en cuenta este detalle… y otros. No conozco al / a la responsable actual de la parte Online de RTVE, pero a mi entender lo están haciendo muy bien: simple, usable y con buena presencia. Enhorabuena.

 

Internet (y móvil) como sustitutos naturales de la televisión tradicional


Internet, soporte de comunicación que ya va siendo considerado por algunos -sobre todo los más jóvenes- como un medio tradicional, entiendo que poco a poco va a ir asumiendo, junto a los dispositivos móviles, las funciones de la televisión, a pesar de los palos en las ruedas que tendrá que soportar de los cada vez menos poderosos canales analógicos.

No es que quiera ejercer de gurú, ni de ‘Bruja Lola’, pero es que el medio de las 625 líneas lleva años y años sin evolucionar en lo que a funcionalidad se refiere, se ha centrado en el contenido, pero ha descuidado el continente. Hace años, y en otra de ‘mis historias de Abuelo Cebolleta’, leía en un libro la explicación de un realizador en lo que para él era la evolución de la tele, y venía a centrar esa evolución en la puesta en escena de los informativos, del Telediario para entendernos. Este formato es el primero que surgió en la tele de nuestro país en su primera emisión el 28 de octubre de 1956, con un discurso de Gabriel Arias Salgado que tan sólo pudo ser recibido por 600 televisores de Madrid. Tras él, una cortina daba todo el protagonismo al ministro. Pasado un tiempo, un teléfono apareció en la mesa del locutor, indicando que ‘en todo momento estaba informado’. Unos años después, un mapa del mundo sustituyó a la ya desgastada cortina, indicando claramente que ‘todo lo que pasa en el mundo te lo vamos a contar’, para que con la ola de nuevos canales, aparecieran cientos de monitores escoltando al presentador, anunciándonos que no nos preocupásemos, ya estaban ellos atentos a lo que decían ‘los otros’ y que ya nos informarían si algo interesante sucedía. Hoy, estos informativos, o bien han vuelto al plató clásico con un reloj que muestra ‘directo’, o bien nos abren su redacción en clara señal de ’estamos trabajando para ti’, eso sí, el ordenador no falta como parte del atrezzo en la mesa, que curioso.

Pero bien, y a lo que íbamos: ¿qué ha cambiado?, sólo el contenido, el continente sigue siendo una caja más o menos plana, con botones para cambiar y subir el volumen. Básicamente es eso, sin que haya diferido mucho de los 600 únicos aparatos que de forma privilegiada pudieron recibir las primeras señales hace poco más de medio siglo.

Sin embargo, creo que ha llegado la hora del cambio en el continente del mundo televisivo. Esta reflexión, nació entre mis inquietudes después de leer que las cadenas de televisión privadas ‘urgían al Gobierno a regular la TDT, ya que 40 canales de TDT es un suicidio para el sector’. Y estamos, una vez más, ante lo de siempre: somos empresarios y creemos en el modelo de competencia, hasta que vemos peligrar nuestros ingresos, observamos la llegada de una gran masa de competencia, y pedimos al Estado que intervenga para que mantenga el oligopolio, sin importarnos si eso es intervencionismo, censura del libre mercado o lo que sea. La llegada de la TDT, la tercera generación de la telefonía, los nuevos dispositivos móviles y, sobre todo, la simbiosis que se va dar entre Internet y el aparato de televisión, tal y como lo conocemos ahora, no es que nos vaya a abrir las puertas de los 40 canales de TDT que tanto temen los consejeros delegados de las televisiones hoy analógicas, nos abrirá definitivamente el acceso a todos los canales de ‘televisión tradicional’ que se reparten por el mundo, incluyendo todos los de habla hispana e inglesa, como si se tratase de una enorme parabólica que, demos gracias, tan sólo será ficticia y no tendrá que descansar en tejados y edificios de nuestras ciudades.

La señal de la televisión, dentro de unos años, creo no llegará por TDT. Entiendo que TDT es ‘un parche’ que va a dar paso a la banda ancha como línea de entrada de la señal, con independencia de si proyectamos esas imágenes en un pequeño móvil -interesante artículo del neonato Blog de Fernando Samaniego- o en una enorme pantalla de plasma que todavía hoy dicta la decoración de nuestros salones y sitúa el mobiliario en torno a la mal llamada ‘caja tonta’. Por lo tanto, habrá que adaptarse, y las empresas televisivas tendrán que acostumbrarse a la atomización de un mercado en el que debería poder entrar ‘cualquiera’, como ocurre hoy en Internet, y ojo, que Google tendrá algo que decir.

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