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Las Redes Sociales han venido para quedarse, los ‘community managers’ no.
Parece que ya hay bastante corriente que alerta, por fin, de la verdadera burbuja de Internet en nuestros días, aunque parece que ha sido necesario que El País publique ‘Sí hay burbuja: se llama ‘community manager” para que se señale a los que verdaderamente están haciendo daño al sector por el que algunos llevamos hasta 14 años peleando.
Los ‘community managers’ normalmente responden al perfil de persona con escasa experiencia en Internet, cimentada en el autoempleo y que desconoce -al igual que lo hace su ignorante cliente- las reglas básicas de la comunicación, siendo este último punto el que está situando a las redes sociales en el centro de la diana para los siempre presentes escépticos de Internet, que siempre han existo, y ahora parece que les estamos dando el aliento suficiente para que de escépticos pasen al montón de los bien conocidos ‘trolls’.
‘Las redes sociales son una moda’. Esta frase, tantas veces escuchada en los últimos tiempos, es tan absurda como tantas otras que se fueron repitiendo a lo largo de la historia, como aquellas que auguraban el rápido final de la radio con la llegada de la televisión. Pues no, las redes sociales están para quedarse, y de que manera. Estos espacios sociales son y serán -cada vez con más fuerza- los espacios de comunicación masivos que centrarán nuestra manera de relacionarnos en los próximos años, y digo en los próximos años, ya que no podemos aventurar que pasará de aquí a unos pocos años, e incluso me atrevería a decir que ni tan siquiera en unos pocos meses. Lo que sí es importantísimo es entender el momento en el que nos encontramos para adaptarnos a la mayor brevedad al futuro, precisamente lo que no han logrado -ni lograrán- gran parte de los que hoy se presentan como ‘community managers’, desconocedores absolutos del pasado de Internet. Admirados por mi en su condición de aventureros del ‘autoempleo’, son perfectos desconocedores del medio en el que se mueven, y es que, por lo general, y por lo que percibo, son paracaidistas que han visto en esto del ‘Internés’ un filón, y siendo escasamente usuarios de perfil bajo, pretenden ser maestros del sector ¿alguien ha visto esto en algún otro gremio?. Afortunadamente las empresas se están dando cuenta, y poco a poco van entendiendo que si debe existir un ‘community manager’ lo debe hacer en sus filas. La comunicación de una marca, entidad, producto o institución es, probablemente, el valor más relevante, y no puedes dejarlo en manos inexpertas. Este mensaje está calando, y el altavoz 2.0 es demasiado potente como para hacer experimentos.
En mi afán por conocer al cliente sigo ejerciendo de comercial prácticamente a diario -ver el post ‘La experiencia de patear la calle’- y estoy viendo con cierta felicidad como todo lo que representa la comunicación online -no solo son redes sociales- tiene cada vez mayor relevancia en la conciencia de los directivos, que demandan de forma creciente formación para ellos y para sus equipos. Para ofrecer educación en Internet ya no nos valen paracaidistas que han descubierto Twitter con la llegada de Obama al poder, necesitan profesionales con experiencia contrastada y no solo en Internet, predominantemente en comunicación. En otras ocasiones, y ya no tan raras, solicitan ayuda, también llamada consultoría, para formar su propio departamento de comunicación estratégica en Internet, una labor que requiere de seriedad, conocimiento, expertise y que se sitúa lejos de los perfiles que, en mi opinión, tienen las horas contadas en el sector, así como de las escuelas de negocio, academias e incluso universidades que sin rigor alguno están ofertando cursos de ‘community manager’ a la sombra de una moda a sabiendas del escaso recorrido de la ‘profesión’, una engañifa que bien haría en sonrojar a alguno.
No lo puedo negar, me alegraré cuando se regularice todo este entramado de ‘expertos’ con 1,2 ó 3 años de experiencia. Es cuestión de tiempo, de poco tiempo, el que tarden en educarse los clientes, una circunstancia que ya se está dando, a la que casualmente contribuyen los propios ‘community managers’ prestándose a asistir a eventos de formación a empresas. Otro síntoma más de la escasa experiencia profesional y visión estratégica de los recién llegados.
INTERNET: La experiencia es un grado, la vivencia una garantía
Habiéndolo dicho muchas veces, me veo en la obligación de repetir que parte de mi trabajo, ocio y día a día es evangelizar en Internet y sus variantes a todo aquel que se interesa por el tema, que, aunque con escepticismo, son muchos los que preguntan, con cara rara y como si no fuera la cosa con ellos, pero con la curiosidad de aquel que quiere y no sabe cómo.
Hace unos días, y con los mismos mimbres que ‘el día de la marmota‘, me vi explicando por enésima vez la herramienta de moda, es decir, Twitter, a lo que mi improvisado alumno, y amigo, me respondió con claridad meridiana, y no sin falta de razón, que ‘aquello no era la aplicación de comunicación definitiva’.
Es obvio que lo que dijo mi buen amigo es una verdad de Perogrullo, aunque también es cierto que para entender lo que venga, sea lo que sea, va a ser necesario haber entendido el microblogging, así como para entender el momento tan especial que vivimos es necesario entender las etapas anteriores y los pasos que se han ido dando, de ahí los errores que cometen aquellos que pasaban por aquí habiéndose perdido la totalidad de la serie, maltratando lo que debería estar profesionalizado, aunque, como ya dijimos, eso es un sueño.
En la evolución de Internet, tendremos que tener en cuenta aquellos tiempos en los que los banners valían para algo y se llegaron a pagar 60 euros por CPM, en los que se pagaban miles de euros por una web que se hacían con plantilla, en los que primaba el contenido y se cedía espacio a terceros que a su vez daban visibilidad a sus clientes sin que mediara transacción alguna, en los que parecía que el comercio electrónico había llegado para hacernos olvidar las colas del supermercado y, en definitiva, en aquellos tiempos en los que nacieron muchas empresas que se lucraron a sabiendas que lo que ofertaban no era real. Todo esto, y mucho más, hay que haberlo vivido para entender que lo que está sucediendo ahora con ‘las Redes Sociales’ es parecido, y no deberíamos caer en los mismos errores que sangran a los que siempre pagan nuestra desidia.
La experiencia es un grado, y en este sector más. Son muchos los amateurs que están entrando sin complejo alguno en este área, con la misma ausencia de profesionalidad que nos ha hecho perder credibilidad año tras año, siendo más dura la tarea de evangelizar sobre terreno ya abonado en la engañifa de los precursores de estos nuevos actores, que, en mi opinión, siguen la senda del engaño, el abuso del desconocimiento y la desvergüenza.
Doce años llevo ya, de forma profesional, en el mundo del marketing online, muy orientado al negocio, y considero que el momento en el que nos encontramos va dejar cada vez menos espacio a los aficionados. La situación se está complicando, y cada día va a ser más necesario tener perspectiva de Internet de una forma amplia, no como un simple usuario, no como un recién llegado que ha descubierto este apasionante mundo. Es un mensaje nítido a los falsos Community Managers y demás especies que, muchas veces sin saberlo, se están cargando lo que tanto nos está costando construir, y también es una clara advertencia a empresas y profesionales que buscan su espacio en la Red: no os dejéis engañar.
INMOVILISMO: El arte de criticar y no aportar (e incluso copiar)
El los últimos años, y gracias al gran equipo que tan bien me ha rodeado y a ‘mis mayores’ -que tanta libertad me han otorgado-, he tenido la suerte de crear un caldo de cultivo óptimo para la innovación, así como para investigar -con más o menos tiempo- lo que realmente está pasando en la ‘globosfera’, que, como seguiremos informando, está cambiando a una velocidad vertiginosa, catalizada por la gravedad de la crisis.
El inmovilismo -RAE. Tendencia a mantener sin cambios una situación política, social, económica, ideológica, etc.- no cabe en mi cabeza, y creedme, ni en la de ninguno de los consejeros que componen el accionariado de LINC. Sin embargo, desde fuera, y cada vez con más fuerza, observo una tendencia al inmovilismo brutal, que es todavía más sangrante cuando proviene de instituciones que deberían representar todo lo contrario.
La crítica, siempre bienvenida en todo proyecto en el que me he involucrado, se convierte en vacía cuando se queda en eso, en crítica, sin aportar absolutamente nada a pesar de así solicitarlo del remitente. En España, al contrario -una vez más- que en el resto del mundo innovador, el fracaso iniciador se relaciona con la vergüenza, mientras que en el mundo anglosajón se relaciona con el orgullo: ‘al menos lo has intentado’. Así de claro.
Tampoco vamos a señalar, simplemente vamos a apuntar que, cuando la crítica viene de la rama académica, la respuesta se hace, más que nunca, necesaria. Tanto si se trata de un ente público como privado, desde esos foros viejos y rancios deberían mirar la viga en el ojo propio y sí, ver la paja en el ajeno, pero aportando, aunque después de ver como rebajan al esperpento el genial trabajo de unos estudiantes, como no, del otro lado del charco -burdamente imitado también por empresas de altos vuelos y alguna que otra compañía que en su día cotizó en el Nuevo Mercado-, nada nos debería extrañar, cumpliéndose la máxima del crítico que no aporta e incluso se cree innovador imitando en fondo y forma un trabajo ya realizado. Este halo de grandeza que envuelve a algunos componentes del mundo universitario, está haciendo mucho daño a aquellos que realmente tratan de llevar a cabo la difícil misión de cambiar y lijar el moho que envuelve los campus, claro que el aura de los críticos no aportadores (y copiones) no se lo ponen nada fácil, siendo muy ilustrativo comparar el temario de Ciencias de la Información de la Complutense de Madrid en el año en el que yo finalicé -1998- con el actual, en el que si algo ha cambiado es pura casualidad, cuando la comunicación hoy en relación a lo que pasaba hace 12 años ha sufrido una transformación que nada tiene que envidiar a la Revolución Industrial, sí, esa que siguen ‘enseñando’ en la aulas.
Por otro lado, las escuelas de negocios y derivados, que han crecido como setas a la sombra de la ineficacia de los señalados en el párrafo anterior, siguen el mismo camino trazado por sus viejos predecesores, surgiendo figuras que a modo de ‘dioses’ se permiten el lujo de igualmente criticar sin aportar, e incluso de analizar un plan de negocio, cuando lo más parecido que han hecho a ejecutarlo ha sido extraer un sucedáneo de café de la vieja máquina del, esta vez sí, enmoquetado pasillo.
Como no caeré en el error de criticar sin aportar, ni, Dios me libre, de copiar y creerme innovador, trataré de proveer algunas soluciones, que bien podrían recoger los dinosaurios de las letras, siendo consciente de la utopía de esto último.
Que en España contemos 74 universidades entre públicas y privadas es algo insostenible, más aún cuando han crecido en paralelo al ‘Baby Boom‘ y ahora sencillamente no hay alumnos, y, dicho sea de paso, tampoco hay dinero, en especial para las públicas -de las otras ya se ocupará el mercado-, por lo que la reducción en el número de fábricas de ‘mileuristas’ no se debería hacer esperar. La implicación de los alumnos en los temarios empieza a ser más que necesario, y así evitar tener que escuchar -con mis propios oídos- en un foro de profesores de una universidad pública española que ‘nosotros (por los profesores) sabemos más de nuevas tecnologías que los alumnos, pero ellos no lo saben’, al tiempo que todos asentían y se daban palmaditas en la espalda ante mi mirada ‘ojiplática’. Así mismo, y de eso debemos encargarnos los profesionales de la empresa privada, hay que velar por la materia que se imparte en las aulas, y por las prácticas, ahuyentando a los alumnos -en la medida que nos sea posible-de auténticos timos que a modo de ‘experto en…’, ‘especialidad en…’ o ‘posgrado en…’ se están ofreciendo sin rubor y, lo que es peor, basándose en la moda y lo más tosco del marketing, y ya hablando de lo que realmente considero mi especialidad, Internet, aprovechando la ola de necesidad de conocimiento de este medio y ofertando a los sufridos bolsillos de los padres del alumnado, y muchas veces a las trabajadas carteras de los propios estudiantes, una auténtica mugre envuelta con el lazo del 2.0, Community Manager, Redes Sociales que, cuando interese a los generadores de caja, pasará a llamarse movilidad, geolocalización o, vete tú a saber y como ya he escuchado, 3.0.




