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Gobierno Abierto. La única salida política.


La forma actual de relación entre la administración y los ciudadanos ha caducado. Es así de simple y debemos considerar como amortizada la hasta ahora opción ‘menos mala’ que arrastramos desde finales del siglo XVIII. 

Desde la Declaración de Virginia, adoptada el 12 de junio de 1776, que podemos considerar como la primera Declaración de Derechos Humanos, y, por supuesto, desde la más cercana ‘Toma de la Bastilla’, fechada el 14 de julio de 1789, símbolo de la Revolución Francesa, mantenemos una relación entre la ciudadanía y el Estado que, en el mejor de los casos, tiene su clímax cada cuatro años en forma de elecciones. Después de esta mal llamada ‘Fiesta de la Democracia’, se supone que los elegidos deben regir el destino de millones de ciudadanos con un programa que, en muchas ocasiones, ni tan siquiera cumplen. Este escrito de ideas e intenciones de los partidos, poco consensuado, menos reflexionado y nada leído, con el paso de los años va acortando su fecha de caducidad, o lo que es lo mismo, en el siglo XXI, con las nuevas formas de participación y comunicación, los programas electorales dejan de tener actualidad y vigencia a los pocos meses de su aprobación, y lo que es peor, empezarán a ser días en lugar de meses a medida que las TIC impregnen la realidad social, como ya se está viendo en la calle y, por supuesto, en la esfera virtual.

La evolución tecnológica no se puede separar de la realidad democrática en la que vivimos. Los ciudadanos ya participan activamente en las decisiones de empresas, y así se lo hacen saber directamente, se comunican con ellas y también se comunican entre ellos. Están cambiando las relaciones, se está eliminando la lejanía física y están dejando de tener sentido infinidad de ideas, posturas, filosofías y, como no, objetos, como las cabinas, e incluso las imprentas, que también fueron perseguidas y demonizadas a finales del siglo XV.

La inmediatez está ahí, y la consecuente impaciencia ante la falta de respuesta también. Estas personas, ricas, pobres, trabajadoras, estudiantes, paradas o empresarias, ya han adoptado en su vida las nuevas tecnologías. Tal vez alguna capa de edad todavía no, y sigue situando su vida y horarios bajo la estricta batuta de la unidereccionalidad, cenando a la hora del informativo de televisión o leyendo diarios al mismo ritmo que engullen el café con leche. Sin embargo, la mayor parte de la población, y cada vez más, necesita estar alimentada de realidades, ya no se deja engañar y, lo más importante, quiere ser parte de esa realidad, transformarla, construirla y participar. Su única herramienta, pero por multitudinaria, poderosa, son las TIC. Es su lugar de encuentro, su espacio de decisión y, si me lo permitís, su pequeño Parlamento en el que deciden las cosas y marcan las tendencias. Por otra parte, nuestros representantes e instituciones están a años luz de adoptar la frescura, transparencia e inmediatez que podría aportarles su inmersión, total y sin medias tintas, en la realidad tecnología que inunda la calle. Es cuestión de voluntad, actitud y querer hacer las cosas.

Políticos, partidos, instituciones y administraciones públicas siempre se han situado lejos de las opciones tecnológicas que han ido adoptando los ciudadanos. Este decalaje se ha mantenido en un honroso paralelismo aceptable, siempre mirando hacia arriba, desde la parte pública, los avances TIC que se iban produciendo en particulares y empresas. Desde más o menos 2008, este separación, insisto, decalaje, entre la evolución tecnológica de la realidad de la calle y los que se suponen representan a los primeras se ha disparado, y está posicionándose en distancias cercanas al ridículo, situación sonrojante que se dará muy a corto plazo si no se toman medidas y los elegidos se involucran en la conversación digital, directa, sincera, transparente y colaborativa, o lo que es lo mismo, se verán fuera del juego de la nueva democracia si no adoptan los principios de Gobierno Abierto, que como hemos dejado claro, no se puede separar, ni un ápice, de los avances en materia de Nuevas tecnologías.

Algunos sitúan el nacimiento del ‘Gobierno Abierto’ moderno en el mismo día en el que Barack Obama promulgo su ‘Memorandum de Transparencia y Gobierno Abierto’, concretamente el 21 de enero de 2009, una fecha muy importante, de la que debemos extraer sus más inmediatos catalizadores. Es cierto que se habla de este fenómeno, incluso sin saberlo, desde hace décadas, pero por no perdernos en fecha y épocas ya pasadas, centremos esta necesidad ciudadana a finales de la primera década del siglo en el que estamos.

2008, en mi opinión, representa el año del definitivo distanciamiento de la sociedad y los políticos, enorme brecha que, lejos de acortarse, aumenta. Dos factores claves fortalecen este despegue que sitúa, a la poco definida ‘clase política’, en el espacio del ridículo tecnológico. La irrupción y la popularización de las redes sociales por una parte, con un microblogging incipiente, empezaba a demostrar su poderío, a lo que se suma, como factor incluso más determinante, la evolución de los dispositivos móviles en forma de auténticos centros de control, coordinación y comunicación en los bolsillos de cada vez más ciudadanos, conformando una bomba democrática que ha derivado en el abismo político que nos frustra hoy. Por lo tanto, espacios de comunicación masivos, implementados en dispositivos móviles inteligentes, han dado pie a una clase social que no diferencia entre cuentas corrientes, status, filiación, género, raza o procedencia, pero que pone, y de que manera, en contacto ideas, propuestas, acciones y discusiones, todo ello aderezado con la inmediatez, dirigiéndose a unos interlocutores que no están presentes en esos espacios, pudiendo estarlo.

Gobierno Abierto no se puede entender sin tener en cuenta el factor tecnológico, básico y fundamental en la evolución política hoy, y espita para lo que, a muy corto plazo, marcará el pulso político de los países de nuestro entorno, que fijaron las reglas del juego en función a lo adquirido a finales del siglo XVIII. Ya no hay excusa. Solo hace falta voluntad para configurar un nuevo status quo entre ciudadanos y políticos, que deberían ser lo mismo, ya que se les supone nuestros representantes. Esa nueva forma de convivencia se llama Gobierno Abierto. Las herramientas para su desarrollo son básicamente tecnológicas, pero inexorablemente deberán ir siempre acompañadas de espacios presenciales que den continuidad al debate digital, solo así aseguraremos la mayor de las transparencias, la máxima colaboración y la participación de todos, o al menos trasladaremos la realidad de que quien quiera puede participar y cambiar las cosas.

Una vez concretado y aceptado que el Gobierno Abierto es la única salida política, y, además, que el lugar de encuentro entre ciudadanía y representantes debe ser el espacio TIC en cualquiera de sus soportes como ampliación del encuentro presencial, tenemos la enorme oportunidad de hacer las cosas con la lógica de quien realmente se cree los principios de la transparencia, la colaboración y la participación. Será difícil que se transmitan estas intenciones marcando las pautas, desde un principio, sobre la comodidad de un despacho oficial, una sala de reuniones de caoba o un exclusivo club de trajes y corbatas. Lanzar propuestas desde arriba nunca fue una gran idea, y no serán aceptadas, es hora de preguntar y construir desde abajo, colocando entre todos el primer ladrillo y, si se diera el caso, dejemos el último ladrillo para quienes fueron elegidos democráticamente, pero solo el último.

Salir a la calle, montar foros de debate e iniciar una conversación real con la ciudadanía que tenga su continuidad en espacios digitales, se me antoja como un primer paso, que no el único y, por supuesto, nunca el definitivo. Los legítimos representantes del pueblo tienen la obligación de estar ahí dónde está el pueblo, la gente, los ciudadanos y, en definitiva, aquellos que les eligieron, con independencia del soporte. Por lo tanto, es imprescindible que estén en la calle, conversando, sintiendo, convocando foros, pero bien es cierto que las personas, y cada vez más, donde están presentes es en el entorno digital, que debe ser el apéndice que se construya con los datos del termómetro de la calle. Si me lo permitís, y mencionando a una vieja red social ya venida a menos, lo que quiero decir es que los ciudadanos tienen una second life, que cada vez es más la first life. No hay mejor definición de red social que ‘plaza del pueblo’, en el que se intercambia información, se conversa, se decide y, como en las mejores familias, se discute. De todas formas, no nos quedemos en la red social, el mundo cambia y el escenario con él, de esta forma, los potenciales votantes se sitúan en nuevos soportes, que son la evolución de las redes sociales, como éstas lo fueron de los chats y los foros. Las nuevas plazas del pueblo son todos los sistemas adaptados y pensados para la movilidad, como las mismas redes sociales, pero adaptadas a móviles, así como los sistemas de mensajería, los espacios de georreferenciación y, sobre todo, los que vengan. La denostada ‘clase política’ debe permanecer atenta a las novedades, juega en desventaja, ya que a la ciudadanía no le hace falta, adquiere estos hábitos de forma natural, son, en definitiva, los ‘early adopters’.

Preparando el terreno de juego en el que se desarrollará el partido de la comunicación, en la interactuación y la construcción conjunta de la sociedad día a día, tenemos que tener más que presente que la posición predominante no está precisamente en la ciudadanía, comenzamos, por tanto, el partido con el marcador en clara ventaja de los que, efectivamente, decimos que ostentan el poder, cuando en realidad deberíamos decir que son a los que, temporalmente, hemos cedido la vara de mando. Para poder establecer un diálogo directo y de ‘tú a tú’, es necesario que ambas partes, representados y representantes, cuenten con las mismas herramientas y partan desde el mismo punto. Información es poder, Gobierno Abierto es repartir la información y, en consecuencia, es dividir el poder. Esta es la clave del obsoleto freno en la apertura de un gobierno a día de hoy, ya sea municipal, regional o nacional. Es obvio que nadie de los que están ahora en el papel de representantes quieren diluir su poder y su estatus entre los que les han situado ahí. Puede parecer una antítesis, y lo es, pero aquellos que han sido elegidos por mi no quieren devolverme el poder de la acción, que se basa en el conocimiento, es decir, en la información. Gran error de apreciación y, a buen seguro, actitud caduca que les catapultará, tarde o temprano, al más triste de los olvidos.

Puede ser que hace años, tan solo una década atrás, esto de ‘repartir el poder’ pudiera ser una tarea complicada. Los medios de comunicación tradicionales eran prácticamente la única fuente de información, de hecho eran conocidos como el cuarto poder. A día de hoy, ya bien entrada la segunda  década del siglo XXI, no solo ha cambiado el espacio en el que se informan los ciudadanos, ante todo estamos ante una forma de compartir información, en la que ésta se construye entre todos y cualquiera puede ser fuente. Fundamentalmente estamos hablando del camino que se ha recorrido entre la vieja unidireccionalidad de los soportes de información a la bidireccional exigida en los nuevos soportes y espacios de comunicación e información, una vez más, basadas en las nuevas tecnologías.

Periódicos, revistas, televisión y radio son emisores, la audiencia es receptora. Salvo excepciones extremadamente filtradas, como son las cartas al director, las llamadas en directo o los ya viejos SMS, todos estos medios tradicionales han actuado emitiendo en una sola dirección. Al otro lado, el manipulable espectador consumía, nunca mejor dicho, aquello que se le decía, sin digestión alguna ni posibilidad de rebatir lo que leía, escuchaba o veía. Hoy, la diferencia entre receptor y emisor se está acortando. Muchas veces no sabes quién se dirige a quién, y es ahí donde nace la conversación, se genera la bidireccionalidad, y cualquier persona, con elementos tecnológicos a su alcance, puede ser fuente de información o consumidor, pero en cualquier caso, siempre tiene la posibilidad de participar o estar en el papel que considere, se gane o, en actitud sobresaliente, sea señalado por el resto de la masa colaboradora y participativa.

Los gobiernos, como decíamos antes, muy dados a anclarse en el pasado, no han entendido la llegada de la bidireccionalidad y la caída, en algunos casos estrepitosa, de los medios de comunicación. Consideran, erróneamente, que la portada de los diarios en papel son los que marcan tendencia, y sí, podría ser en algunos casos, pero cada vez menos. Esto mismo, sumado a los titulares de informativos de las televisiones y  las radios, sustentadas por el mismo sistema que maneja los hilos y las dosis informativas, son el inválido autotest de la actualidad y bienestar para los representantes públicos, y esto hace, de momento, que ante la ceguera de muchos sea difícil que se den las condiciones de fomentar el Gobierno Abierto en casi todas las instituciones. El papel de los medios de comunicación tradicionales, que hasta ahora denunciaban e indicaban el camino de los gobernantes, está siendo sustituido por una gran masa de ciudadanos que realmente marcan el camino, y están obligando a que sean escuchados. Punto, éste último, obviado por los elegidos y que entienden los electores, ya que entre ellos si que ven, con claridad, la tendencia asumida e impulsada por ellos mismos. Entre los ciudadanos no hay opacidad, tampoco se entiende el egoísmo y nunca se aceptará el individualismo, es por ello que Transparencia, Colaboración y Participación marcan el camino de la ciudadanía, es decir, el Gobierno Abierto existe, pero quien lo tiene que adoptar no se entera, o mejor, no se quiere dar por enterado.

Adentrados en una época en la que no existe disculpa alguna para igualar el ‘establishment’ global entre los habitantes de un país –incluyo, como no, a políticos-, afrontamos un profundo cambio en la relación entre la ciudadanía y la administración. Va a resultar doloroso, muy doloroso, pero solo para el decimal último del porcentaje de la población, es decir, para los que ahora se asientan cómodamente en lo que ellos creen que es un escalón más. Es cierto que generalizar es siempre errar, pero en este caso creo que estaríamos hablando de excepciones y podemos, mientras no se demuestre lo contrario, afirmar que son daños colaterales situados en el peor sitio y en el peor momento.

En una sociedad moderna solo cabe el ‘Gobierno Abierto’ como nueva forma de avanzar. No me preocupa, en absoluto, que los gobiernos se cierren en la implementación de este modelo de convivencia tan demandado, día a día, por la práctica totalidad de los ciudadanos. Sí, por la práctica totalidad de los ciudadanos, que, casi siempre sin saberlo, lo están pidiendo a gritos en sus conversaciones privadas, reflexiones, demandas y, por supuesto, en afirmaciones públicas, exigencias y, como no, manifestaciones. No me preocupa si se adopta o no, ya que la propia inercia del tiempo en el que nos movemos hará que la transparencia, la colaboración y la participación sea la forma natural de lo que para entonces no será gobernar, será gobernanza, será, sin duda Gobierno Abierto. La posible no adaptación de algunos malos representantes de la ciudadanía a los tiempos de conversación continua y construcción social conjunta, llevará, inevitablemente, a la desaparición natural de éstos. No será nada traumático, simplemente sucederá, de la misma forma que otras figuras han dejado de poblar los paisajes de nuestros pueblos y ciudades por la propia evolución y, una vez más, por la llegada de la tecnología.

No hace falta sacar la bola de cristal, o remitirse a películas que en su día se adelantaron al tiempo como ‘Regreso al Futuro’ para entender como funciona un ‘Gobierno Abierto’. Como dije al principio de este post, este modelo ya está funcionado entre la ciudadanía y las empresas, entre ellos, existe la conversación, la crítica, la ayuda y la colaboración, sucede las 24 horas del día y dentro la más absoluta transparencia y franqueza. Los gobiernos, es decir, los que deberían ejercer la ‘gobernanza’, que no ‘gobernar’, tienen la obligación de escuchar a la ciudadanía de forma continua. Para ello, deben abrir absolutamente su espacio vital, aportar todos los datos que sean demandados y, en definitiva, ser absolutamente transparentes. Sin esta primera premisa, vital en el manual de un buen ‘Gobierno Abierto’, no podemos continuar. En ese momento estamos en España, en el momento del oscurantismo injustificado que empieza a desmoronarse. Mientras esperamos a que el absoluto colapso suceda, los intentos de hoy no dejan de ser meras acciones de marketing más o menos logradas. Establezcamos un campo de juego neutral con los mismos datos y herramientas en cada lado, impensable seguir con las siguientes premisas, y entonces, hablemos.

Pronto, muy pronto, y de forma natural, la transparencia formará parte de nuestras vidas en la relación con los que elegimos. Por lo tanto, en igualdad de condiciones, podremos participar en la elaboración de proyectos y en decidir nuestra forma de vida, actuaciones, políticas y decisiones trascendentes e intrascendentes, que de todo habrá. Finalmente, la colaboración, en cualquier materia en la que entendamos que podemos aportar, será bienvenida por los que a día hoy consideran que están por encima de sus propios representados, opinando sobre temas en los que, a buen seguro, tiene mucho más criterio el ciudadano especialista que lleva años tratando el tema pero que hoy no es preguntado. Sintiéndose partícipe del proyecto aportará como el que más, y siendo por su país, lo hará de forma orgullosa y altruista.

Afortunadamente se está dando ‘la tormenta perfecta’ del ‘Gobierno Abierto. La situación de fuerte demanda en la calle, inexorablemente unida al distanciamiento insoportable entre políticos y pueblo, sumado a la irrupción brutal de las Tecnologías de la Información en forma de redes sociales y teléfonos inteligentes, están sirviendo de catalizador para que, más pronto que tarde, comience la verdadera conversación y se inaugure una nueva era en la que los ciudadanos se sientan partícipes y estén dispuestos a aportar en la construcción del futuro de su país, todo ello en un escenario, todavía por construir, de absoluta transparencia. No va a ser fácil. Más difícil, para algunos, será prolongar el modelo actual.

De todo esto, y con el mismo título, hable en las II Jornadas Gobierno Abierto y Opendata, celebradas en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Podéis verlo a continuación:

2001 – 2010 ERA INTERNET: De Odisea a contacto

27 diciembre, 2009 2 comentarios

Parece que la historia de Internet viene ya contada, y que Arthur C. Clarke se empeñó en avisarnos de sus avatares aunque no nos hayamos percatado. Este escritor británico, firmó la renombrada novela de ciencia ficción ’2001: Odisea en el espacio’, llevada al cine por uno de los grandes, Stanley Kubrick. Unos años después, esta obra vio como aumentaba su saga bajo el título  ’2010: Odisea dos’, del mismo autor, aunque esta vez llevada al cine por Peter Hyams.

2001 y 2010. No vamos a entrar en detalles supersticiosos en los que valoremos que ambos años están construidos con los mismos números, pero sí que vamos a analizar qué supuso para la Red el primer año del siglo XXI y que supondrá 2010.

Como tampoco es que me guste mucho recordar, pero sí que necesito tenerlo presente, pasaremos rápidamente por la situación que se respiraba en 2001 en nuestro entorno por aquel entonces. La palabra más común era CRISIS. Sí, esa dura palabra y nueva para algunos hasta hace bien poco. La burbuja se rompió y vimos como se derrumbaban las que parecía grandes empresas de Internet. Punteras, vanguardista y modernas, pero como bien dice un buen amigo argentino en referencia al ‘corralito’: construimos los más bellos palacios pero se nos olvidaron los cimientos, aunque yo añadiría que nos faltó HONESTIDAD.

¿Quién no recuerda Teknoland, Diversia o Canal21.com? Todas ellas nacieron a finales de los 90, en un entorno maravillado por lo visual y universal de Internet, pero muy poco preocupado por el ingreso, lo que dio lugar, tal vez meses antes de 2001, a la explosión de la burbuja digital, que, en nuestro ámbito, fue infinitamente más dañina que la tan lucrativa como previsible burbuja inmobiliaria que ahora padecen otros muchos.

Por lo tanto, tal y como comenté con Genís Roca hace bien poquito, los que ahora tratamos de manejar el timón de Internet, sí que hemos vivido una crisis, y una crisis dura, en la que todos mis compañeros de la extinta Canal21.com están ubicados en otro sector. Todos menos el que escribe, que no puede sentirse más afortunado.

Retomando la entrada de este post, y una vez superada la llamada burbuja punto com, nos situamos ante la secuela de 2001, es decir, frente a 2010: Odisea dos. Por consiguiente, nos debemos formular la pregunta clave ¿qué nos deparará el año que viene en nuestra materia?, aunque más bien lo centraría en ¿qué nos deparará 2010 en al ámbito de la comunicación?, que al fin y al cabo es dónde se está librando la principal batalla.

Una vez más, lamentablemente no me he traído la bola de cristal, aunque sí que voy a tratar de centrarme en algunos puntos importantes, para mostrar que, efectivamente, estamos a la puertas de un gran revolución, pero ¿hacía dónde vamos?:

1. Internet como soporte Web cada vez tendrá menos peso, la tendencia hacia la movilidad es imparable.

Esta afirmación no se le escapa a nadie, es uno de los pilares que centrará la comunicación en los próximos años. La proliferación de Twitter no es casual, y es que este soporte está perfectamente ligado a su sencillez y simpleza para uso en dispositivos móviles. Esta obviedad para algunos, y cerrazón para otros, no ha pasado desapercibida para la red social española de mayor calado entre nuestros jóvenes, que, como bien nos cuenta Gustavo Martínez en su blog:  Tuenti está dispuesta a conquistar los teléfonos móviles, soporte de la información en red que cuenta ya con más usuarios que líneas ADSL hay en nuestro país. Tampoco debemos olvidar los libros, y su nuevo soporte, como el Kindle, éxito de ventas estas Navidades, que se ha visto traducido en que Amazon ha vendido más libros en formato electrónico que en papel.

2. La revolución en la información

Aunque uno todavía se considera joven, utilizar la palabra ‘revolución’ puede que evoque pasados universitarios ya más que olvidados, pero en esta ocasión no hay otra palabra que pueda definir mejor el momento que estamos viviendo. Si a finales del siglo XVIII comenzaba la Revolución Industrial, en estos años estamos asistiendo a la Revolución de la Comunicación, con una pequeña diferencia, en aquella época se necesitaron prácticamente 100 años para alcanzar los objetivos y en esta nueva revuelta bastarán muy poco tiempo para borrar de un plumazo los más asentados soportes. Ya lo advertí en un post fechado hace apenas 9 meses, que titulaba ‘MEDIOS IMPRESOS: Esta vez sí, renovarse o morir’, aunque claramente me quedé corto. Además de que el cuento ha cambiado bastante en tan sólo un embarazo, habría que incluir no sólo el medio impreso, también, y con mucho más criterio, la televisión, que a mi modo de ver tiene las horas contadas como canal de comunicación masivo, ya que como líder de audiencia hace tiempo que perdió la batalla frente a Internet en las franjas de edad más tempranas, anunciando el inminente cambio de tendencia que ya se ha dado en los países anglosajones.

3. Un nuevo y DESCONOCIDO soporte publicitario abrumado por la 2.0

Decía Bernardo Hernández en una reciente conferencia a la que pude asistir, que tan sólo se estaban utilizando un 15% de las posibilidades publicitarias que te ofrece Internet, por tanto, y cada vez más, de la movilidad. Yo creo que se quedó corto, y es que la red lo que nos solicita es IMAGINACIÓN, algo tan ausente de los directivos de hoy como demandado por el mercado. Es cierto que muchas veces nos vemos desbordados por el día a día, los números y, como bien decía mi médico en Pozuelo, la ‘burrocracia’. Internet y el móvil son en España ya el tercer soporte publicitario en el que invierten las marcas, y en los países que reflejan matemáticamente su estado en el nuestro al cabo de pocos años, ya es el primero. El problema es que las agencias, las pocas que quedan, y los soportes tradicionales, están acostumbrados a tratar la publicidad como productos ultramarinos, y se han enquistado en ofrecer ‘mitad de cuarto’ de anuncio papel, ‘cuarto y mitad’ de spot televisivo o ‘cuatro lonchas finitas’ de corte en radio, ofreciendo a cambio impactos tan difíciles de entender como las tan sugeridas siglas ATL y BTL, que han sido eliminadas hace ya tiempo por el 2.0, aunque no por ello me gusten. Lo que sí me gusta del 2.0 es que ahora hay que pensar, hay que innovar y hay que dar rienda a la imaginación, y para eso no vale todo el mundo, aunque haya pasado toda su vida tras el escaparate del ultramarino y se haya convertido en el campeón de ventas en mortadela, ya que ahora innovar no es meterle aceituna a la mortadela, es ofrecer, simplemente, otra cosa.

Para algunas marcas, y no menores, ahora es prioritario entrar en el mundo de las redes sociales, y, literalmente, pasan de la televisón, la radio o la prensa escrita, o si no que se lo digan a Pepsi, que, tras más de veinte años anunciándose en la emisión televisiva de la Super Bowl americana, ha preferido invertir ese dinero en redes sociales, es decir, en Internet, con la campaña ‘Pepsi Refresh Proyect‘ en el que, ¡oh casualidad!, piden IDEAS, esa gran desconocida.

4. La necesidad de una legislación clara

Dos acontecimientos han marcado el final de 2009 en materia judicial en el área digital:  El Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible, y su contundente respuesta en forma de ‘Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet‘, y la condena a dos directivos de la Cadena Ser al considerar el juez ‘que la protección constitucional al derecho a la información se refiere a la televisión, radio o prensa escrita, pero que debe matizarse en Internet, argumentando que no es un medio de comunicación social en sentido estricto‘. El primero, manipulado por unos pocos erigidos en nuestros representantes, y el segundo, con una respuesta inversamente proporcional al primero, a pesar de ser al menos tan grave, demuestran que debemos asociarnos de forma ordenada, ya que si la situación es de revolución en la comunicación y en la publicidad, no podría ser menos en su demanda legislativa, que nos guste o no, ahora está influenciada por aquel que está perdiendo la batalla, es decir, por el flojo ‘cuarto poder‘.

Bien, pues parece que de ’2001: Odisea en el espacio’ a ’2010: Odisea dos’ ha cambiado mucho el panorama. De una verdadera odisea hemos pasado a una situación aparentemente privilegiada, aunque no nos engañemos, en un entorno cambiante y cruel, en el que impera la realidad de mercado, dónde hoy eres el rey por llevar en tu nombre ‘social’ o ’2.0′ y que mañana puedes ser tan desgraciado como todos aquellos amigos que vi caer creyéndose inmunes  en 2001 por tan sólo llevar ‘punto com’ en sus siglas.

No dejemos que 2010 sea una Odisea dos, y que realmente sea lo que anunciaba su título: ‘El año que hicimos contacto’. Trabajo, imaginación, lucha y honestidad, son, a mi entender, los ingredientes clave para llegar, en muy poco tiempo, a ser, de verdad, líderes en la información y, por tanto, en soporte publicitario.

UN MANIFIESTO: Tres batallas

8 diciembre, 2009 1 comentario

Siendo consciente de que en este mundo en el que muevo, Internet, cualquier posición que adoptes siempre es tomada por unas cuantos con un clásico ‘si no estás conmigo estás contra mi’, me veo en la obligación de, al menos, trazar la líneas que considero fundamentales en relación al candente ‘Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet‘.

Estar de acuerdo con el Manifiesto es una perogrullada. Es obvio que los que trabajamos en este medio, los que nos hemos movido en él desde su nacimiento en España y los que realmente amamos la red y todo lo que de deriva de ella, sabemos que lo dice este escrito es exactamente lo mismo por lo que llevamos luchando desde que fuimos conscientes del poder y la riqueza que empezaban a otorgarnos las denostadas tres uves dobles, o lo que es lo mismo, desde el principio de los tiempos. En mi caso, y que yo recuerde, 1994.

Entonces ¿por qué salta ahora la cuestión y en nuestro nombre redactan tan clara como previsible declaración de intenciones?. Obviamente, la aparición pública del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible tiene mucho que ver, y es que, claramente, el Gobierno se ha equivocado, fundamentalmente al situar el poder judicial al margen de cualquier decisión ejecutoria en materia de cierre o suspensión de espacios en Internet.

Dicho esto, y preparado para ser la punta de lanza en la lucha por la rectificación del Gobierno de España, no podemos pasar por alto lo curioso de las reacciones, interpretaciones y movimientos que se han generado desde el primer día de este agitado mes de diciembre, y que quisiera ordenar en tres batallas:

1.La batalla lógica, que a todos nos enfrenta democráticamente con el Gobierno para tratar de corregir las incongruencias del Anteproyecto de Ley de Economía sostenible.

2. Una larga batalla interna y metódica en nuestro mundo de Internet, y de la que muchos somos ajenos, pero en la que se está viviendo una encarnizada lucha por ser la cabeza visible del medio, y, en definitiva, nuestros representantes a no sé qué todavía.

3. La batalla por el poder de la comunicación, que muchos sitúan en su recta final, que enfrenta a los medios tradicionales, especialmente los diarios escritos en papel, y los espacios de información en Internet, que son muchos, y de muy diversa índole, y, como el propio soporte demanda, atomizado y expuesto a las modas.

No vamos a prestarle mucha atención a la primera batalla, dejando claro -creo que voy por la tercera ocasión- que comulgo con todos y cada uno de los puntos expuestos en el Manifiesto, manifestando, y valga la redundancia, que cuenten conmigo para la lucha, o, llevándolo a la exageración, al activismo, siempre y cuando el espacio para la protesta sea el medio online, nuestro medio natural y poderoso, dejando los experimentos desvitualizadores a un lado, que lo más que pueden hacer es dañar nuestra imagen y degradar nuestra fuerza.

Sin embargo, creo que no deberíamos pasar por alto el segundo y tercer conflicto, que también nos atañe, y mucho, a todos los que con más o menos dedicación conformamos este grupo en España, que algunos han cifrado, en el fulgor de la batalla, en unos 25 millones de internautas.

Desde hace ya tiempo, se viene observando que, también dentro de este mundo, se han creado personajes mediáticos, que han ido canalizando su influencia en posicionamientos políticos y, de una forma más o menos altiva, sin demostrar ningún éxito emprendedor en la red ni fuera de ella, se vienen erigiendo como los sabios del medio, cuando ni han vivido, ni viven y, lo más probable, ni vivirán de aquello que tanto sudor nos ha absorbido al resto. Mi admiración, respeto, e incluso envidia a aquellos sabios que han sabido encontrar en la red su forma de vivir y de hacer más felices al resto con sus aplicaciones y páginas. Ellos si me representan, pero no aquellos que más que convivir con nosotros viven de nosotros, teorizando y criticando, pero sin haberse remangado nunca en un proyecto de cocina, o de baño, sí de baño, aquellos espacios en los que inicialmente todos situamos nuestros servidores. Debemos tener cuidado y tomar parte en esta batalla, que no deja de ser la segunda a la que hacía referencia, una batalla interna en la Red de nuestro país por ocupar el poder, que se está librando sin apenas resistencia y que se nos ha presentado, aparentemente vencedora, en estos últimos días, en forma de auténticos fanáticos en la defensa de algo que bien sabemos que llevamos defendiendo desde hace muchos años.

El tercer conflicto, muy interesante también, pero sin duda más natural que el segundo, fluye por la lógica del control de la información o, lo que es lo mismo, por ocupar el espacio del ‘cuarto poder‘. La batalla por la información, parece que se ha avivado también desde el primero de diciembre, pero no deja de ser una batalla dentro de una guerra que está abocada a perder el mundo tradicional frente al online, a no ser que los primeros se reinventen y utilicen la enorme influencia que les queda en sembrar su futuro más próximo, ya que vista la velocidad de los cambios, no habrá tiempo para acciones medioplacistas. Es curioso que dos medios de la importancia de El País y El Mundo sitúen sus editoriales en la misma dirección, y ésta pueda interpretarse en la defensa del Gobierno de España, algo que no deja de ser sintomático del miedo a la pérdida de poder a la que no le están sabiendo poner remedio, de momento, desde ningún medio tradicional impreso.

Apoyando una vez más el Manifiesto, siendo esta vez, como en las sevillanas, la cuarta y última que me reafirmo, quisiera acabar este post celebrando el momento que vivimos en la red, un momento extraordinario, en el que se está empezando a ver la importancia del medio, donde los grupos de poder tradicionales, desde los políticos a los jueces, pasando por los medios de comunicación y las industrias asentadas desde décadas -especial mención la discográfica-, están muy perdidos, y desconocen el camino a seguir, camino que también nosotros desconocemos, pero, al menos, intuimos.

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