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Participación extrema


Bien, ya hemos entendido lo que es transparencia y, con mayor o menor éxito, lo hemos integrado en nuestro discurso y parece que hay hasta voluntad de practicar el nudismo administrativo, social y político, e incluso es posible que diversos entornos privados se unan al striptease. Tan solo queda que lo que hasta ahora solo es una voluntad se convierta en normalidad en próximas y cercanas fechas, pero, de momento, felicitémonos porque algo ya hemos conseguido. Sin embargo, es bochornoso observar como los mismos actores que se llenan la boca con la, insisto, hasta ahora teórica transparencia, ni siquiera contemplan la participación en su camino hacia la diáfana tierra prometida.

Partiendo de la base de que votar cada cuatro años -como llevamos haciendo en las etapas democráticas de los países occidentales desde finales del Siglo XVIII- es un anacronismo que exige su adaptación tecnológica del Siglo XXI, no podemos pasar por alto que, mientras se soluciona la mayor, el compromiso de la participación está en manos de todas las instituciones, administraciones, gobiernos y partidos, que, como es público y notorio, no lo aplican, sencillamente, porque no les interesa.

Gobierno Abierto, no lo olvidemos, es Transparencia, Participación y Colaboración. Una vez superada la Transparencia -sí, lo sé, estoy soñando-, y obviando que el fomento de las otras dos premisas deberían haberse ejecutado en paralelo, es el momento llevar al extremo la participación, sin excusas. Las herramientas tecnológicas, hoy al alcance de cualquiera, nos lo permiten, pudiendo empezar a desarrollar la interactuación de forma inmediata e incluso a coste cero. La participación, también entendible como conversación, debe ser continua y capaz de influir en todos sus interlocutores, para conseguir, de forma natural, la Colaboración, alcanzando así las más altas cotas del Gobierno Abierto. Una administración, un gobierno o un partido, son responsables de integrarse en este diálogo, que está en la calle, así como de asumirlo y trasladarlo, en forma de tendencia, a su gestión, acción de gobierno o programa político. De nada, o de poco, nos va a servir la transparencia si no la ejecutamos en base a la participación. Consultar a los ciudadanos es fácil, es más, ni tan siquiera sería necesario consultar directamente de forma inicial. Un buen comienzo sería observar las inclinaciones en la red y de ahí extraer las necesidades de la población, datos mucho más fiables que los que reflejan las patrocinadas encuestas que tanto preocupan a los mismos que las pagan.

Es lamentable comprobar el miedo a la participación en aquellos que pregonan, falsamente, la transparencia. No puedo entender como todos los gobiernos no están preguntando de forma constante a quienes, supuestamente, les sustentan en tan alta responsabilidad. Tampoco entiendo como los partidos políticos eluden consultar a sus mismas bases por todo, de forma continua y en relación a las decisiones claves de dirección, programa e incluso listas. La empresa privada, siempre por delante, sí que utiliza, de forma extensiva, la participación de sus fieles, co-creando así el futuro de su negocio, claro que en ello les va la supervivencia. Más pronto que tarde, la supervivencia política, empezando por la de quienes han hecho de ella su forma de vida, pasará por la participación, la participación extrema.

Participacion

Compareciendo en el Congreso de los Diputados

28 abril, 2013 1 comentario

A pesar del escasísimo tiempo del que dispongo últimamente, no puedo dejar pasar la oportunidad de explicar aquí la experiencia de ser llamado a comparecer en el Congreso de los Diputados.

El jueves 11 de abril, tan solo 6 días antes de la fecha fijada para la comparecencia, recibí una llamada del Congreso de los Diputados en la que se me informaba que había sido seleccionado por las Comisión Constitucional que está elaborando la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno, en calidad de ex-Director General de Gobierno Abierto y Nuevas Tecnologías del Gobierno de Navarra, pionero en la redacción de una ley por la transparencia en España, y elaborada por mi equipo durante el tiempo que ostenté el cargo. Por supuesto, no dudé ni un instante en aceptar la invitación, al margen de las obligaciones legales que pudieran derivarse.

En primer lugar, decir que me llama la atención el poco margen de tiempo que me dieron desde el primer contacto hasta la comparecencia, cinco días escasos surcados por un estupendo fin de semana, y con una agenda, que, en mi caso, es poco dada a la dilatación, más bien siendo proclive a todo lo contrario. No obstante, una vez superada la primera impresión, me dispuse a escribir mi ponencia. Sabiendo que, en ningún caso, leer discursos es mi estilo -más bien suelo ‘contarlos’- esta vez el escenario y la relevancia de lo que pudiera decir requeriría plasmarlo en letras, y así trasladar el mensaje claro a los diputados que tuvieran a bien escucharme.

En segundo lugar, y dada la materia que se iba a tratar, desde el principio aposté por no elaborar el texto solo, lo haría público antes de imprimir la versión definitiva y escucharía todas y cada una de las sugerencias que me fueran llegando por los diferentes medios. Más allá de escuchar a todos antes del momento de mi intervención, también me conjuré para escuchar y trasladar la palabra de fuera al interior del Congreso durante la comparecencia, como así ocurrió, utilizando in-situ las sugerencias que fui recibiendo a través de Twitter en la ronda de pregunta de los diputados. Muchas gracias Marc Garriga, Access Info y OKFN por seguir la comparecencia en directo y ayudarme tan acertadamente en las respuestas a las preguntas de sus señorías.

Como era de esperar, los diputados allí presentes, tuvieron a bien criticar todo aquello que sobrepasase los límites establecidos por una atmósfera ‘polite’ y extremadamente construida en clave jurídica, factores que ya esperaba encontrarme y que quise contrarestar con palabras y acciones de transparencia extrema, algo que alguno no supo (ni quiso) entender en clave intencionalidad, tomando mis palabras en su literalidad. Así mismo, mi mensaje estuvo cargado de intencionalidad tecnológica, campo en el que muevo con soltura, y aspecto absolutamente necesario en la elaboración de cualquier proyecto hoy si queremos que esté vigente mañana. No obstante, no entraré en detalles políticos y, como ya les dije en mi despedida, por lo que a mi respecta, no encontrarán más que apoyo, ayuda y aliento en una labor tremendamente importante para el futuro de nuestro país, eso sí, siempre y cuando lo hagan con valentía.

Como he comentado, varias fueron las veces que colgué el texto de la comparecencia en la red -aquí tenéis la cuarta y última versión subida-, dándole difusión en Twitter y en Facebook para que quién quisiera aportara su granito de arena. Numerosas fueron las sugerencias y correcciones, a través de las redes sociales, mail, Whatsapp e incluso por el cada vez menos popular teléfono. Muchas gracias a todos.

Una experiencia inolvidable, emitida por streaming en un Congreso, a pesar de todo, cada vez más cercano a la tecnología. Una experiencia que me enriqueció enormemente, y que refuerza en mi creencia de que las cosas se pueden cambiar, y que lo mejor es cambiarlas desde dentro, lugar desde el que, en un futuro, espero volver a intentarlo como ya hice cuando tuve oportunidad en el Gobierno de Navarra.

Imagen de Streaming facilitada por Javier Ábrego (TweetCategory)

Imagen de Streaming facilitada por Javier Ábrego (TweetCategory)

 

Finalmente, el texto, aunque lo podéis encontrar aquí en su penúltima versión, quedó como sigue:

Madrid, Congreso de los Diputados, 17 de abril de 2013

Buenas tardes, Arratsaldeon,

Señor Presidente, señorías, amigos que nos seguís por Streaming y, cómo no, Twitter.

Permítanme que les muestre mi satisfacción al ser llamado ante esta comisión como impulsor de la Ley de Transparencia y de Gobierno Abierto de Navarra, vigente desde el pasado diciembre y el primer texto auténticamente aperturista y colaborativo de España. Espero poder aportar mi experiencia en un campo en el que, lamentablemente, no existe tradición en nuestro país.

La Ley Foral 11/2012 de 21 de Junio, de la Transparencia y Gobierno Abierto, nació ambiciosa, valiente y con el objetivo de llegar a todos los ciudadanos. Sin embargo, veía la luz con una clara vocación de ser copiada, como así está siendo, y, como es natural, para ser mejorada. No obstante, tengo que lamentar que, si bien la Ley de Transparencia objeto de esta comisión sí se ha inspirado en el texto navarro, no ha copiado aspectos básicos y, por descontado, no ha mejorado la propuesta, como sí han hecho los textos que se están trabajando en Extremadura, Andalucía, Murcia y otras regiones de nuestro país.

‘Open process’, ‘blogs’, ‘la administración pública escuchará con atención’ o ‘dispositivos de telecomunicaciones móviles’ son solo una muestra de lo que aparece en la Ley que junto con los navarros construimos en la Comunidad Foral y que hoy echo de menos tras la lectura de la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno que pretende aprobar este parlamento.

He seguido muy de cerca esta comisión. Por esta sala han pasado varias personas que han solicitado la inclusión de esta institución, de otra o de la de más allá en la citada Ley, así como añadir personas, cargos o entidades. En mi ánimo no está entrar en este debate, ya que el propio espíritu de una Ley como la que aquí se está tratando no puede establecer distinciones. Seamos prácticos. Cualquier persona sabe en qué se gasta su dinero y, por tanto, querrá saber en que se gasta el dinero que ha puesto a disposición de su país para su evolución y construcción. Queda claro, por lo tanto, que cualquier persona, institución, entidad, ente, agrupación, espacio o lo que ustedes quieran, que reciba un solo euro público, debe estar sometido a la Ley de Transparencia, incluyendo a las empresas que han recibido ayudas o subvenciones, por muy pequeñas que sean.

Dicho esto, en mi condición de profesional de la tecnología, con más de 15 años trabajando en el sector TIC, hoy como Consultor Tecnológico en Oracle, una de las empresas tecnológicas más grande del mundo, y como apasionado del Gobierno Abierto, en este caso en mi puesto de miembro de la junta directiva de la Open Knowledge Foundation en España y ex Director General de Gobierno Abierto y Nuevas Tecnologías del Gobierno de Navarra, me centraré en las carencias tecnológicas que encuentro en el texto puesto a disposición del público hace ya nueve meses. Y es que no podemos obviar el momento en el que vivimos, marcado por una nueva era en las comunicaciones, impulsadas de formar exponencial por la irrupción de los canales sociales y, en igual medida, por la popularización de los soportes móviles. Dos factores que han acercado a las personas, pero que lamentablemente no han asumido desde la administración, ensanchándose la brecha que separa a las personas de la política, de sus representantes.

Señorías, la Transparencia es parte del Gobierno Abierto, y el Gobierno Abierto es, además, Colaboración y Participación, formando así el tridente de la apertura. No podemos ser transparentes sin la colaboración ni la participación de los ciudadanos. En Navarra, cuando nos planteamos construir este instrumento de transparencia, vital para la continuidad democrática, lo hicimos de abajo a arriba, es decir, conversando con los ciudadanos y preguntándoles cómo querían que fuera su Ley. De esta forma, en un año escaso, salimos a la calle hasta en trece ocasiones para preguntarle a la gente cómo querían que se construyera el Gobierno Abierto de Navarra, desde el principio, sin lentejas. Esta conversación, rica e instructiva hasta límites insospechados -descubriendo perfiles ilustrados profundamente en apertura de datos, transparencia o comunicación-  tuvo, y tiene su continuidad en medios digitales, principalmente en las redes sociales, dónde se recogieron las peticiones y se trasladaron la Ley de Transparencia Foral en plena construcción, así como de inmediato a la acción de gobierno. Así de simple. Asumiendo que ya es tarde para cambiar los hechos, siendo imposible construir esta Ley de Transparencia nacional a partir de las aportaciones de los ciudadanos, sí que tenemos tiempo para incluir la conversación en el texto de la Ley.

Conversar, dialogar, y otras palabras que representan la comunicación bidireccional inmediata, brillan por su ausencia en este texto, un texto que, a mi modo de ver, nace obsoleto, que no entiende el momento en el que vivimos y que no tiene en cuenta la realidad tecnológica en la que se mueven los españoles. El hecho de que la palabra ‘Internet’ no aparezca ni una sola vez es muy representativo, así como que la que aparezca sea web, cuando la población ‘conversa’ y se informa cada vez más en la movilidad. La distancia que separa la política de la ciudadanía no es física, ahora mismo es tecnológica. Si quieren estar dónde están los ciudadanos, hoy deben situarse dónde se mueve más de la mitad de la población y hacer lo que ellos hacen: conversar, y, a poder ser, en la base tecnológica actual y futura.

Sin ánimo de entrar en términos ni aspectos legales, espacio en el que, al contrario que en el tecnológico, no me muevo con soltura, les tengo que pedir que eliminen el silencio negativo del texto y lo transformen en silencio positivo. El silencio administrativo no debe ser una opción, como aparece en el  artículo 17.4. Muy ligado al párrafo anterior, en el que sugiero el inicio de la conversación con la ciudadanía, es de pura lógica entender que ésta no se puede producir cuando uno de los interlocutores es sordo y mudo, y además no pone remedio a su carencia. En Navarra optamos por el silencio positivo, y es que en nuestro ánimo estaba entender al ciudadano y, como ya hemos dicho, conversar con todo aquel que lo quisiera, con un solo objetivo: construir la acción de gobierno entre todos.

Asumiendo que los mismos ciudadanos serán los que fuercen su entrada en la conversación, como ya se produce en la relación entre la empresa privada y el cliente -cambiando la estrategia los primeros en función de lo que extraen de los segundos- tratemos de abonar el terreno de juego para que esta conversación, la que nos importa, la que se producirá entre la gente y las instituciones, se produzca con la mayor igualdad. Me estoy refiriendo, señorías, a poner disposición de quienes están pagando sus impuestos todos los datos que se han generado, se generan y se generarán. Estoy refiriéndome a la inclusión de la apertura de datos y al acceso a la información en la Ley de una forma clara y definitiva.

‘Open Data’ es el termino anglosajón para referirse a la apertura de datos. Una necesidad y una obligación que, afortunadamente, ya han sabido ver muchas administraciones en el mundo y, esta vez sí, en España. País Vasco, Asturias, Navarra, Aragón, Castilla y León, Cataluña e incluso el Gobierno de España, han construido su espacio de apertura de datos con mayor o menor éxito, así como otras tantas administraciones que también se han sumado, pero que sería imposible enumerar. Aprovechemos la redacción de esta Ley para unificar criterios, consensuar los estándares internacionales y confabularnos para poner a disposición del público, sin necesidad de que los pidan, el máximo número de datos que se pueda. Apertura total, acceso a la información extremo. Si los ciudadanos no tienen la misma información que aquellos que se supone son sus representantes algo falla, las exigencias no serán las mismas, y es entonces, como ahora, cuando nos encontramos ante un sistema viciado. Por favor, dicten unas directrices únicas y construyan un repositorio global de datos en España, en el que todos depositen el máximo de información, con los mismos criterios técnicos e internacionales, evitando así la multiplicidad de portales y páginas absurdas. Me consta que el BOE está deseando liderar esta consolidación. Regúlenlo.

Toda información debe construirse en formatos que se puedan manejar con suma facilidad, que lo puedan leer las máquinas, que permitan su exposición, trato, proceso y reutilización. Reutilizar, importante verbo que, si bien se contempla en la Ley que tratamos en esta comisión, deberíamos ampliar su significado en su sentido más amplio. La reutilización de documentación y su puesta a disposición del público puede estar ya recogida, aunque no con la fuerza que realmente se merece una apertura de datos real y sincera. Sin embargo, el concepto de reutilización tiene un componente tecnológico importantísimo que, como ya se hizo en la ley Navarra, debe incluirse por dos motivos más que justificados: El ahorro que supone una política pública de reutilización TIC y el aporte al I+D+i que a buen seguro apoyará el crecimiento tecnológico y emprendedor en nuestro país. El País Vasco, en su decreto 159/2012 de Apertura y Reutilización de las aplicaciones Informáticas de la Administración Pública –decreto del de disponen copias en infinidad de espacios de Internet que se han eco del asunto-, ya contempla que no se podrá iniciar desarrollo informático alguno sin que se haya certificado que no existe uno similar en cualquier administración del mundo del que se pueda aprovechar su código para su reutilización ¿Saben ustedes los ahorros que esto puede generar? Así mismo, decreta que se deberá poner a disposición del mundo los desarrollos que se generen en la administración vasca, para su reutilización por otros, la investigación o lo que se considere conveniente ¿Saben ustedes lo que esto aporta al I+D+i de cualquier región o país?

Información es poder. Hacer una Ley en la que se favorezca la apertura de datos y su reutilización es repartir el poder. Demuestren que están dispuestos a jugar en el mismo terreno de juego que aquellos que le han posicionado en el asiento que ocupan, y pongan a su disposición toda la información posible, sin que tengan que pedírsela.

Para finalizar, y para que quede constancia de las propuestas concretas que hago ante esta comisión, les pido encarecidamente que tenga en consideración los siguientes puntos en la construcción de la Ley de Transparencia:

 

-          Incluyan a todo aquel que es beneficiario de un solo Euro público, con independencia de su naturaleza, procedencia, clase o actividad.

-          Tengan en cuenta cualquier dispositivo, actual o futuro, y no pierdan de vista que debemos de estar dónde están los ciudadanos. Ayer en la Web, hoy en el móvil y mañana no sabemos. Hagan un Ley en la que tecnología marque el paso, se asegurarán no tener que cambiarla el año que viene.

-          No hagan una Ley sorda y muda, impongan el silencio administrativo positivo.

-          Legislen la apertura de datos y unifiquen criterio para todas las Administraciones Públicas, así como construyan un único repositorio ‘Open data’ para un acceso a la información extremo que englobe el conjunto del Estado.

-          Incluyan un apartado valiente de reutilización, tanto en la obligación de buscar desarrollos aprovechables como en la necesidad de construir en base a poder ofrecer ese trabajo a la humanidad. El I+D+i, más necesario que nunca, lo agradecerá.

En resumen: conversen. Conversen con los ciudadanos, aprovechen la Ley para abrir el diálogo, como yo mismo he hecho para elaborar esta comparecencia, abriendo el documento a la participación, a la crítica y, en definitiva, a su consenso.

Los tiempos han cambiado. Sean valientes.

Muchas gracias. Eskerrik asko.

Gobierno Abierto lo es todo


Esta semana he tenido la suerte de ser invitado a dos eventos de ‘Gobierno Abierto‘ como ponente, que se suman a otras tantas mesas, másters, ciclos y otros múltiples formatos que se han desarrollado desde comienzos de este año, y que seguirán ocupando parte de mi agenda personal hasta fin de curso, periodo en el que ya he cerrado presencia en alguna Universidad de Verano. Afortunadamente, son muchas las instituciones, administraciones e incluso grandes empresas las que se están interesando por esta nueva formar de gobernar, de imprescindible aplicación si queremos cambiar el hastío que produce, ya de forma generalizada, la política en la población.

Sin embargo, tengo que alertar de una tendencia preocupante en la aplicación del Gobierno Abierto. Para muchos, estas dos palabras son una moda, y puede serlo, pero una tendencia que desembocará, a buen seguro, en un cambio de modelo de gobernanza. Por lo tanto, la moda puede que sean las palabras, pero en ningún caso la filosofía. Acogiéndose al auge de esta corriente, muchas administraciones están montando, por su cuenta y riesgo, una estrategia de Gobierno Abierto que nace, en la mayor parte de las casos, estéril.

Señalar la línea que separa el éxito del fracaso es muy sencillo, basta con entender que Gobierno Abierto es un concepto, una forma de actuar, que debe ser desplegado en todas y cada una de las actividades, acciones y previsiones de la administración que quiera implemantarlo. Así de fácil.

Constatando con alegría como aumenta el número de gobernantes que quieren entrar en este proceso, me estoy encontrando con que los responsables de liderarlo, insisto, salvo honrosas excepciones, comienzan su actividad construyendo un ‘portal de Gobierno Abierto’, como si estuviéramos ante una nueva faceta de gobierno, como si fuera juventud, deporte, igualdad, urbanismo o carreteras, cuando en realidad, todas estas áreas, y las que faltan, deben asumir los preceptos de Transparencia, Colaboración y Participación, así como los empleados públicos, personal externo, proveedores y, por supuesto, las cuentas y agendas, para terminar involucrando a la ciudadanía. El Gobierno Abierto lo es todo.

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Tú tienes la culpa


‘Los políticos son los culpables de la crisis’. Esta afirmación, tan fácil como cierta, sin embargo esconde una realidad que es, definitivamente, lo que no nos deja salir de la crisis, es más, es lo que nos va a mantener en ella por un largo y frío periodo.

Un alcohólico, lo primero que debe hacer para curarse es reconocer su enfermedad. La ciudadanía, igualmente enferma, lo primero que debe hacer para salir de su estado es reconocer su situación, y la realidad que le ha llevado a encontrarse en ella. En España, como ya adelantó Miguel Cervantes en su obra ‘Rinconete y Cortadillo‘, nuestra evolución natural nos ha llevado a la supervivencia por el encalome, es decir, si le puedo echar la culpa a otro y yo salgo de rositas, pues a ‘otra cosa mariposa’. Ese es el ‘modelo español’ de resolución de problemas, sumando puntos netos, si, encima, logras posicionarte como víctima.

La cultura del pelotazo, en mi opinión, es lo que nos ha hecho fracasar. Sí, fracasar, pero a todos, como país y como individuos. Yo soy culpable.

Si tú, que ahora lees estas líneas, en algún momento en los últimos 15 años, en plena burbuja inmobiliaria, le comentaste con orgullo a tu cuñado, que tu casa, desde que la compraste, ya valía tropecientos miles de euros de más, despertando así el pequeño especulador que llevamos dentro, y, por tanto, favoreciendo la cultura del ‘ingreso sin trabajo’, alimentaste la especulación, y sí, eres culpable. Tú, que comentaste que el amigo de un primo de tu suegro, tuvo una idea increíble, y que ‘se forró’ desde casa solo dándole a la tecla, sin tener en cuenta que para que un emprendedor triunfe hay un millón que se arruinan, sí, eres culpable. Tú, que aceptaste la corrupción a pequeña escala, es decir, que consentiste una factura sin IVA, defraudando así al resto de españoles, e impidiendo que se pueda atender ahora a los dependientes, eres culpable. Sí, eres culpable. Tú, que en tu ciudad, pueblo o provincia, no callaste cuando se proyectó un aeropuerto, estación, auditorio o plaza, e incluso consideraste ‘anti-(póngase cualquier gentilicio ibérico)’ a aquel que se pronunciara en contra, eres culpable.

Podría poner muchos ejemplos más, y si no está ya abarcado, entraría la totalidad de la población de nuestro país. Todos somos culpables de la situación, pero es más fácil seguir culpando a otros, mirarse al ombligo y seguir buscando un nuevo pelotazo, truco, trampa o chanchullo que, como al amigo del primo de mi suegro, nos haga forrarnos en poco tiempo y sin despeinarnos. No entra en nuestro planes esforzarnos por cambiar el modelo, trabajar y dar ejemplo a las pobres generaciones que vienen detrás. Mientras tanto, el tiempo se acaba y el país se desangra. Yo sí soy culpable.

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Gobierno Abierto. La única salida política.


La forma actual de relación entre la administración y los ciudadanos ha caducado. Es así de simple y debemos considerar como amortizada la hasta ahora opción ‘menos mala’ que arrastramos desde finales del siglo XVIII. 

Desde la Declaración de Virginia, adoptada el 12 de junio de 1776, que podemos considerar como la primera Declaración de Derechos Humanos, y, por supuesto, desde la más cercana ‘Toma de la Bastilla’, fechada el 14 de julio de 1789, símbolo de la Revolución Francesa, mantenemos una relación entre la ciudadanía y el Estado que, en el mejor de los casos, tiene su clímax cada cuatro años en forma de elecciones. Después de esta mal llamada ‘Fiesta de la Democracia’, se supone que los elegidos deben regir el destino de millones de ciudadanos con un programa que, en muchas ocasiones, ni tan siquiera cumplen. Este escrito de ideas e intenciones de los partidos, poco consensuado, menos reflexionado y nada leído, con el paso de los años va acortando su fecha de caducidad, o lo que es lo mismo, en el siglo XXI, con las nuevas formas de participación y comunicación, los programas electorales dejan de tener actualidad y vigencia a los pocos meses de su aprobación, y lo que es peor, empezarán a ser días en lugar de meses a medida que las TIC impregnen la realidad social, como ya se está viendo en la calle y, por supuesto, en la esfera virtual.

La evolución tecnológica no se puede separar de la realidad democrática en la que vivimos. Los ciudadanos ya participan activamente en las decisiones de empresas, y así se lo hacen saber directamente, se comunican con ellas y también se comunican entre ellos. Están cambiando las relaciones, se está eliminando la lejanía física y están dejando de tener sentido infinidad de ideas, posturas, filosofías y, como no, objetos, como las cabinas, e incluso las imprentas, que también fueron perseguidas y demonizadas a finales del siglo XV.

La inmediatez está ahí, y la consecuente impaciencia ante la falta de respuesta también. Estas personas, ricas, pobres, trabajadoras, estudiantes, paradas o empresarias, ya han adoptado en su vida las nuevas tecnologías. Tal vez alguna capa de edad todavía no, y sigue situando su vida y horarios bajo la estricta batuta de la unidereccionalidad, cenando a la hora del informativo de televisión o leyendo diarios al mismo ritmo que engullen el café con leche. Sin embargo, la mayor parte de la población, y cada vez más, necesita estar alimentada de realidades, ya no se deja engañar y, lo más importante, quiere ser parte de esa realidad, transformarla, construirla y participar. Su única herramienta, pero por multitudinaria, poderosa, son las TIC. Es su lugar de encuentro, su espacio de decisión y, si me lo permitís, su pequeño Parlamento en el que deciden las cosas y marcan las tendencias. Por otra parte, nuestros representantes e instituciones están a años luz de adoptar la frescura, transparencia e inmediatez que podría aportarles su inmersión, total y sin medias tintas, en la realidad tecnología que inunda la calle. Es cuestión de voluntad, actitud y querer hacer las cosas.

Políticos, partidos, instituciones y administraciones públicas siempre se han situado lejos de las opciones tecnológicas que han ido adoptando los ciudadanos. Este decalaje se ha mantenido en un honroso paralelismo aceptable, siempre mirando hacia arriba, desde la parte pública, los avances TIC que se iban produciendo en particulares y empresas. Desde más o menos 2008, este separación, insisto, decalaje, entre la evolución tecnológica de la realidad de la calle y los que se suponen representan a los primeras se ha disparado, y está posicionándose en distancias cercanas al ridículo, situación sonrojante que se dará muy a corto plazo si no se toman medidas y los elegidos se involucran en la conversación digital, directa, sincera, transparente y colaborativa, o lo que es lo mismo, se verán fuera del juego de la nueva democracia si no adoptan los principios de Gobierno Abierto, que como hemos dejado claro, no se puede separar, ni un ápice, de los avances en materia de Nuevas tecnologías.

Algunos sitúan el nacimiento del ‘Gobierno Abierto’ moderno en el mismo día en el que Barack Obama promulgo su ‘Memorandum de Transparencia y Gobierno Abierto’, concretamente el 21 de enero de 2009, una fecha muy importante, de la que debemos extraer sus más inmediatos catalizadores. Es cierto que se habla de este fenómeno, incluso sin saberlo, desde hace décadas, pero por no perdernos en fecha y épocas ya pasadas, centremos esta necesidad ciudadana a finales de la primera década del siglo en el que estamos.

2008, en mi opinión, representa el año del definitivo distanciamiento de la sociedad y los políticos, enorme brecha que, lejos de acortarse, aumenta. Dos factores claves fortalecen este despegue que sitúa, a la poco definida ‘clase política’, en el espacio del ridículo tecnológico. La irrupción y la popularización de las redes sociales por una parte, con un microblogging incipiente, empezaba a demostrar su poderío, a lo que se suma, como factor incluso más determinante, la evolución de los dispositivos móviles en forma de auténticos centros de control, coordinación y comunicación en los bolsillos de cada vez más ciudadanos, conformando una bomba democrática que ha derivado en el abismo político que nos frustra hoy. Por lo tanto, espacios de comunicación masivos, implementados en dispositivos móviles inteligentes, han dado pie a una clase social que no diferencia entre cuentas corrientes, status, filiación, género, raza o procedencia, pero que pone, y de que manera, en contacto ideas, propuestas, acciones y discusiones, todo ello aderezado con la inmediatez, dirigiéndose a unos interlocutores que no están presentes en esos espacios, pudiendo estarlo.

Gobierno Abierto no se puede entender sin tener en cuenta el factor tecnológico, básico y fundamental en la evolución política hoy, y espita para lo que, a muy corto plazo, marcará el pulso político de los países de nuestro entorno, que fijaron las reglas del juego en función a lo adquirido a finales del siglo XVIII. Ya no hay excusa. Solo hace falta voluntad para configurar un nuevo status quo entre ciudadanos y políticos, que deberían ser lo mismo, ya que se les supone nuestros representantes. Esa nueva forma de convivencia se llama Gobierno Abierto. Las herramientas para su desarrollo son básicamente tecnológicas, pero inexorablemente deberán ir siempre acompañadas de espacios presenciales que den continuidad al debate digital, solo así aseguraremos la mayor de las transparencias, la máxima colaboración y la participación de todos, o al menos trasladaremos la realidad de que quien quiera puede participar y cambiar las cosas.

Una vez concretado y aceptado que el Gobierno Abierto es la única salida política, y, además, que el lugar de encuentro entre ciudadanía y representantes debe ser el espacio TIC en cualquiera de sus soportes como ampliación del encuentro presencial, tenemos la enorme oportunidad de hacer las cosas con la lógica de quien realmente se cree los principios de la transparencia, la colaboración y la participación. Será difícil que se transmitan estas intenciones marcando las pautas, desde un principio, sobre la comodidad de un despacho oficial, una sala de reuniones de caoba o un exclusivo club de trajes y corbatas. Lanzar propuestas desde arriba nunca fue una gran idea, y no serán aceptadas, es hora de preguntar y construir desde abajo, colocando entre todos el primer ladrillo y, si se diera el caso, dejemos el último ladrillo para quienes fueron elegidos democráticamente, pero solo el último.

Salir a la calle, montar foros de debate e iniciar una conversación real con la ciudadanía que tenga su continuidad en espacios digitales, se me antoja como un primer paso, que no el único y, por supuesto, nunca el definitivo. Los legítimos representantes del pueblo tienen la obligación de estar ahí dónde está el pueblo, la gente, los ciudadanos y, en definitiva, aquellos que les eligieron, con independencia del soporte. Por lo tanto, es imprescindible que estén en la calle, conversando, sintiendo, convocando foros, pero bien es cierto que las personas, y cada vez más, donde están presentes es en el entorno digital, que debe ser el apéndice que se construya con los datos del termómetro de la calle. Si me lo permitís, y mencionando a una vieja red social ya venida a menos, lo que quiero decir es que los ciudadanos tienen una second life, que cada vez es más la first life. No hay mejor definición de red social que ‘plaza del pueblo’, en el que se intercambia información, se conversa, se decide y, como en las mejores familias, se discute. De todas formas, no nos quedemos en la red social, el mundo cambia y el escenario con él, de esta forma, los potenciales votantes se sitúan en nuevos soportes, que son la evolución de las redes sociales, como éstas lo fueron de los chats y los foros. Las nuevas plazas del pueblo son todos los sistemas adaptados y pensados para la movilidad, como las mismas redes sociales, pero adaptadas a móviles, así como los sistemas de mensajería, los espacios de georreferenciación y, sobre todo, los que vengan. La denostada ‘clase política’ debe permanecer atenta a las novedades, juega en desventaja, ya que a la ciudadanía no le hace falta, adquiere estos hábitos de forma natural, son, en definitiva, los ‘early adopters’.

Preparando el terreno de juego en el que se desarrollará el partido de la comunicación, en la interactuación y la construcción conjunta de la sociedad día a día, tenemos que tener más que presente que la posición predominante no está precisamente en la ciudadanía, comenzamos, por tanto, el partido con el marcador en clara ventaja de los que, efectivamente, decimos que ostentan el poder, cuando en realidad deberíamos decir que son a los que, temporalmente, hemos cedido la vara de mando. Para poder establecer un diálogo directo y de ‘tú a tú’, es necesario que ambas partes, representados y representantes, cuenten con las mismas herramientas y partan desde el mismo punto. Información es poder, Gobierno Abierto es repartir la información y, en consecuencia, es dividir el poder. Esta es la clave del obsoleto freno en la apertura de un gobierno a día de hoy, ya sea municipal, regional o nacional. Es obvio que nadie de los que están ahora en el papel de representantes quieren diluir su poder y su estatus entre los que les han situado ahí. Puede parecer una antítesis, y lo es, pero aquellos que han sido elegidos por mi no quieren devolverme el poder de la acción, que se basa en el conocimiento, es decir, en la información. Gran error de apreciación y, a buen seguro, actitud caduca que les catapultará, tarde o temprano, al más triste de los olvidos.

Puede ser que hace años, tan solo una década atrás, esto de ‘repartir el poder’ pudiera ser una tarea complicada. Los medios de comunicación tradicionales eran prácticamente la única fuente de información, de hecho eran conocidos como el cuarto poder. A día de hoy, ya bien entrada la segunda  década del siglo XXI, no solo ha cambiado el espacio en el que se informan los ciudadanos, ante todo estamos ante una forma de compartir información, en la que ésta se construye entre todos y cualquiera puede ser fuente. Fundamentalmente estamos hablando del camino que se ha recorrido entre la vieja unidireccionalidad de los soportes de información a la bidireccional exigida en los nuevos soportes y espacios de comunicación e información, una vez más, basadas en las nuevas tecnologías.

Periódicos, revistas, televisión y radio son emisores, la audiencia es receptora. Salvo excepciones extremadamente filtradas, como son las cartas al director, las llamadas en directo o los ya viejos SMS, todos estos medios tradicionales han actuado emitiendo en una sola dirección. Al otro lado, el manipulable espectador consumía, nunca mejor dicho, aquello que se le decía, sin digestión alguna ni posibilidad de rebatir lo que leía, escuchaba o veía. Hoy, la diferencia entre receptor y emisor se está acortando. Muchas veces no sabes quién se dirige a quién, y es ahí donde nace la conversación, se genera la bidireccionalidad, y cualquier persona, con elementos tecnológicos a su alcance, puede ser fuente de información o consumidor, pero en cualquier caso, siempre tiene la posibilidad de participar o estar en el papel que considere, se gane o, en actitud sobresaliente, sea señalado por el resto de la masa colaboradora y participativa.

Los gobiernos, como decíamos antes, muy dados a anclarse en el pasado, no han entendido la llegada de la bidireccionalidad y la caída, en algunos casos estrepitosa, de los medios de comunicación. Consideran, erróneamente, que la portada de los diarios en papel son los que marcan tendencia, y sí, podría ser en algunos casos, pero cada vez menos. Esto mismo, sumado a los titulares de informativos de las televisiones y  las radios, sustentadas por el mismo sistema que maneja los hilos y las dosis informativas, son el inválido autotest de la actualidad y bienestar para los representantes públicos, y esto hace, de momento, que ante la ceguera de muchos sea difícil que se den las condiciones de fomentar el Gobierno Abierto en casi todas las instituciones. El papel de los medios de comunicación tradicionales, que hasta ahora denunciaban e indicaban el camino de los gobernantes, está siendo sustituido por una gran masa de ciudadanos que realmente marcan el camino, y están obligando a que sean escuchados. Punto, éste último, obviado por los elegidos y que entienden los electores, ya que entre ellos si que ven, con claridad, la tendencia asumida e impulsada por ellos mismos. Entre los ciudadanos no hay opacidad, tampoco se entiende el egoísmo y nunca se aceptará el individualismo, es por ello que Transparencia, Colaboración y Participación marcan el camino de la ciudadanía, es decir, el Gobierno Abierto existe, pero quien lo tiene que adoptar no se entera, o mejor, no se quiere dar por enterado.

Adentrados en una época en la que no existe disculpa alguna para igualar el ‘establishment’ global entre los habitantes de un país –incluyo, como no, a políticos-, afrontamos un profundo cambio en la relación entre la ciudadanía y la administración. Va a resultar doloroso, muy doloroso, pero solo para el decimal último del porcentaje de la población, es decir, para los que ahora se asientan cómodamente en lo que ellos creen que es un escalón más. Es cierto que generalizar es siempre errar, pero en este caso creo que estaríamos hablando de excepciones y podemos, mientras no se demuestre lo contrario, afirmar que son daños colaterales situados en el peor sitio y en el peor momento.

En una sociedad moderna solo cabe el ‘Gobierno Abierto’ como nueva forma de avanzar. No me preocupa, en absoluto, que los gobiernos se cierren en la implementación de este modelo de convivencia tan demandado, día a día, por la práctica totalidad de los ciudadanos. Sí, por la práctica totalidad de los ciudadanos, que, casi siempre sin saberlo, lo están pidiendo a gritos en sus conversaciones privadas, reflexiones, demandas y, por supuesto, en afirmaciones públicas, exigencias y, como no, manifestaciones. No me preocupa si se adopta o no, ya que la propia inercia del tiempo en el que nos movemos hará que la transparencia, la colaboración y la participación sea la forma natural de lo que para entonces no será gobernar, será gobernanza, será, sin duda Gobierno Abierto. La posible no adaptación de algunos malos representantes de la ciudadanía a los tiempos de conversación continua y construcción social conjunta, llevará, inevitablemente, a la desaparición natural de éstos. No será nada traumático, simplemente sucederá, de la misma forma que otras figuras han dejado de poblar los paisajes de nuestros pueblos y ciudades por la propia evolución y, una vez más, por la llegada de la tecnología.

No hace falta sacar la bola de cristal, o remitirse a películas que en su día se adelantaron al tiempo como ‘Regreso al Futuro’ para entender como funciona un ‘Gobierno Abierto’. Como dije al principio de este post, este modelo ya está funcionado entre la ciudadanía y las empresas, entre ellos, existe la conversación, la crítica, la ayuda y la colaboración, sucede las 24 horas del día y dentro la más absoluta transparencia y franqueza. Los gobiernos, es decir, los que deberían ejercer la ‘gobernanza’, que no ‘gobernar’, tienen la obligación de escuchar a la ciudadanía de forma continua. Para ello, deben abrir absolutamente su espacio vital, aportar todos los datos que sean demandados y, en definitiva, ser absolutamente transparentes. Sin esta primera premisa, vital en el manual de un buen ‘Gobierno Abierto’, no podemos continuar. En ese momento estamos en España, en el momento del oscurantismo injustificado que empieza a desmoronarse. Mientras esperamos a que el absoluto colapso suceda, los intentos de hoy no dejan de ser meras acciones de marketing más o menos logradas. Establezcamos un campo de juego neutral con los mismos datos y herramientas en cada lado, impensable seguir con las siguientes premisas, y entonces, hablemos.

Pronto, muy pronto, y de forma natural, la transparencia formará parte de nuestras vidas en la relación con los que elegimos. Por lo tanto, en igualdad de condiciones, podremos participar en la elaboración de proyectos y en decidir nuestra forma de vida, actuaciones, políticas y decisiones trascendentes e intrascendentes, que de todo habrá. Finalmente, la colaboración, en cualquier materia en la que entendamos que podemos aportar, será bienvenida por los que a día hoy consideran que están por encima de sus propios representados, opinando sobre temas en los que, a buen seguro, tiene mucho más criterio el ciudadano especialista que lleva años tratando el tema pero que hoy no es preguntado. Sintiéndose partícipe del proyecto aportará como el que más, y siendo por su país, lo hará de forma orgullosa y altruista.

Afortunadamente se está dando ‘la tormenta perfecta’ del ‘Gobierno Abierto. La situación de fuerte demanda en la calle, inexorablemente unida al distanciamiento insoportable entre políticos y pueblo, sumado a la irrupción brutal de las Tecnologías de la Información en forma de redes sociales y teléfonos inteligentes, están sirviendo de catalizador para que, más pronto que tarde, comience la verdadera conversación y se inaugure una nueva era en la que los ciudadanos se sientan partícipes y estén dispuestos a aportar en la construcción del futuro de su país, todo ello en un escenario, todavía por construir, de absoluta transparencia. No va a ser fácil. Más difícil, para algunos, será prolongar el modelo actual.

De todo esto, y con el mismo título, hable en las II Jornadas Gobierno Abierto y Opendata, celebradas en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Podéis verlo a continuación:

BIG DATA: Gestión, analítica e interpretación.

10 febrero, 2013 1 comentario

Oir hablar de Big Data ahora, como si fuera algo nuevo, demuestra la búsqueda oportuna en la que la mayor parte de los interlocutores se afanan, una vez más, tras una moda o tendencia, aunque de novedad solo tenga su forma anglosajona de nombrarlo. El Big Data, o como queráis llamarlo, existe de siempre, es más ¿Qué es Big Data? ¿Cuándo deja de llamarse Data para añadirle el adjetivo Big? Pues efectivamente, dependerá de quien maneje los datos, ya que al igual que los problemas, los que para algunos son solo ‘problems’, para otros pueden ser ‘big problems’.

La única realidad, y que entiendo que es la que hay que considerar, es que la cantidad de información que se está generando a diario en entornos públicos y privados crece de forma exponencial y así seguirá, como diría Buzz Lightyear, ‘¡Hasta el infinito y más allá!’. Sin embargo, toda esta cantidad de datos no servirá de nada sin su correcta gestión -Beware the Big Errors of ‘Big Data’- que es exactamente lo que no se está afrontando hasta ahora, abriéndose un horizonte de incalculable riqueza a quien sepa utilizar el poder la información en beneficio propio o común, temiéndome, una vez más, que Google, poseedor del mapa del tesoro, es quien maneja las variables de datos que ya mueven el mundo. Sin embargo, no debemos desestimar el poder de nuestros pequeños, medianos o grandes o cosmos de información en nuestra empresa, gobierno o institución. En ellos está el conocimiento pasado y presente, que debe ser nuestra guía, siendo clave su fase primaria, la gestión, para garantizar el éxito de las fases críticas: el análisis y la interpretación. Damos por supuesto su publicación y apertura para la explotación pública o privada, o lo que es lo mismo, aprovechando el trabajo en gestión de bases de datos para llevar a cabo la más agresiva política de ‘Open Data‘.

Gestión (herramienta), analítica (estadística) e interpretación (cerebro) son, por tanto, y en ese orden, las bases de nuestro Big, Small o Medium Data, una vieja oportunidad que espero que ahora sepan interpretar, aunque hayamos tenido que decirlo en inglés. Es el momento de que lo afronten las administraciones públicas como proyecto estratégico de presente, por una única razón: conocer a sus ciudadanos gestionando la base del conocimiento de sus demandas y necesidades en tiempo real, una forma angular de construir Gobierno Abierto, cuestión más que conocida por la iniciativa privada, más avanzada en la gestión de su propia información, aunque en lugar de ciudadanos, obviamente, hablen de clientes.

Con multicolores propuestas de Big Data, son muchas las empresas que intentan, como decíamos al principio, buscar una nueva oportunidad de hacer caja en base al desconocimiento propio del cliente, verdadera pesadilla para quienes nos hemos dedicado profesionalmente a Internet desde su popularización, allá por el año 1997. Como es habitual, son pocas las propuestas que pueden abordar con garantías la primera fase de Gestión, la más mecánica y tecnológica, pero la que marcará el éxito o fracaso del análisis y la interpretación. Una vez garantizada la calidad y el orden de los datos, la estadística marcará tendencias, pautas y comportamientos, un espacio que han sabido ocupar excelentes profesionales en España con proyección y reconocimiento internacional, como Gemma Muñoz, referente para todos los que entendemos el papel vital del análisis estadístico. Por último, y ya con los datos en la mano, entra en juego la interpretación o lectura, una labor en ningún caso se debe externalizar, y que debe recaer en personal de la administración o de la empresa, que entienda el negocio, comprenda a sus ciudadanos y, por supuesto, sea un líder capaz de interpretar el rumbo a seguir, trasladando las conclusiones al resto de responsables tácticos y estratégicos, tomando decisiones. Por lo tanto, una vez consolidadas las herramientas y ordenada la información, se necesitan líderes, capaces de pasar a la acción en base a la exigencia del dato.

Imagen: Blog BCN Binary. Tecnología e Informática http://bcnbinaryblog.com

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Profesionales en la política, que no de la política.


A sabiendas que en el entorno de niebla, sospecha, desánimo, e incluso repulsión que nos envuelve, es arriesgado salir a defender la dignidad de la actividad política, siento la necesidad de expresarlo. Desde mi modesta experiencia, y desde la humildad, no se está apreciando el papel fundamental que están jugando y jugarán personas que sacrifican su vertiente familiar, situando su vida privada en el ámbito de lo público y, sí, aunque sea impopular decirlo, menguando sus estables y voluminosos ingresos -incluyendo en ocasiones vivienda y automóvil- en haberes más que dignos, pero menores, y, como debe de ser, a disposición consultiva de cualquiera, siendo además incompatibles con cualquier otra actividad, igualmente lógico.

Sin ninguna gana de entrar en obviedades y previsibles afirmaciones, y sin necesidad de consultar estadística alguna, el porcentaje de cargos públicos que ingresan en la administración desde la empresa privada representa un porcentaje tan rídiculo que, asumámoslo, añade métrica en la distancia que separa a la población de sus mandatarios. Algo falla. La mayor parte de los que, no nos olvidemos, hemos elegido para que nos representen, bien provienen de la propia administración, funcionarios, o bien desarrollan su actividad profesional en forma de ‘carrera política’. Los primeros, que se han ganado su puesto de por vida con esfuerzo y sacrificio, acceden a un puesto de los llamados ‘alto cargo’ con la seguridad de tener siempre una silla a la que volver. Los segundos, ‘políticos de carrera’, acceden a tan relevante puesto con los máximos conocimientos políticos que también requieren los nombramientos, pero sin experiencia, por lo general, en gestión o conocimiento real del suelo por el que pisan a diario el grueso de sus ciudadanos. En ambos casos, cuando finalmente son ‘los elegidos’, se sitúan en la cúspide de sus carreras: han tocado techo. Siendo muy legítima su presencia en las instituciones a tan alto nivel, e igualmente laudable, su posicionamiento debería ser proporcional al espacio que ocupan en la población activa.

Solo la vocación de ‘servicio público’ real, que he podido constatar de cerca con auténticos profesionales que ahora ocupan puestos relevantes en la administración, puede mover a personas a sacrificar su tiempo y dinero por su comunidad, incluso, en algún caso, teniendo que tirar de sus ahorros para poder mantener la vida que les precedió. Así mismo, he podido ver, incluso sufrir, como empresas privadas coaccionan a sus empleados para que no se acojan a la ‘excedencia forzosa’, un derecho para aquellos que van a servir a su gente, amenazando con la carta de despido a la vuelta, y, por desgracia, ejecutándolo, sin importarles si es o no una madre separada y con dos hijos a su cargo. Mucho tenemos que aprender de las empresas americanas, que entienden la política como un servicio ciudadano, y apoyan a sus empleados para que, en bien de su comunidad, sean activos en política, y entienden, como no debería ser de otra forma, que tener vocación política es mostrar sacrificio personal para volcarlo en acciones de servicio público.

Con este panorama, y con esta mentalidad empresarial predemocrática, es complicado que la especialización y profesionalidad vertical entre en la gestión de un gobierno. Por lo tanto, seguiremos viendo como determinadas personas van saltando de ‘alto cargo’ en ‘alto cargo’, con independencia de si tienen que gestionar bits, jeringuillas, alumnos, carreteras, turistas o I+D+i. Da igual, valen para todo, y por descontado, ni inglés, ni alemán, ni francés, ni nada que se le parezca ¿Para qué? Es imprescindible trasladar a la sociedad otro mensaje, incluyendo que quienes maniobran el curso de nuestras vidas están tan solo de paso, y se irán, al poco tiempo, con la satisfacción del deber cumplido con la sociedad, que es la de todos, la actual y la que dejaremos a nuestros hijos.

Insisto, algo falla. Por lo general, solo unos pocos ‘inconscientes’ acceden a pasar de la comodidad y anónima vida en la empresa privada, a la expuesta y complicada vida pública, y ahora, más que nunca, necesitamos darle la vuelta a una situación que entorpece, y de que manera, la competitividad y crecimiento de nuestro país.

politica

Gobierno Abierto de las pequeñas cosas: Historia de una pintada.


Hace ya algunas semanas, en concreto en los días que rondan la bienvenida de un año nuevo, me topé con un sucio e inmerecido adorno en uno de mis habituales paseos matutinos. No es que vaya por ahí denunciando pintadas de manera regular -me pasaría el día haciendo fotos- pero en este caso la consideré especialmente grave por su simbología, tipificado como delito en Alemania, país en el que he vivido largas temporadas y de cuya cultura estoy impregnado tras 15 años en un colegio alemán en Madrid. La imagen habla por si sola:

Pintada_1

Sin embargo, entendí que la ‘obra de arte’, ante su espectacularidad, no necesitaba comunicación alguna y sería borrada de inmediato. Me equivoqué. Los días pasaron y por ahí pasaron personas de toda condición, supongo que ideas y incluso me atrevo a pensar que provistos de visión ocular suficiente para ser dañada por el ‘mensaje’. Nadie, aparentemente, denunció ni hizo nada, hasta que, para mi sorpresa, llegó lo que para alguien era la solución:

Pintada_2

Más de tres semanas después de aparecer el grabado original, y emulando a la restauradora del Ecce Homo de Borja, hubo a aquien se le ocurrió que la mejor forma de hacer agradable a la vista semejante atropello era seguir invirtiendo en pintura. Sin entrar en valoraciones, comuniqué de inmediató esta ‘forma de arte urbano’ a través del móvil, aunque podría haberlo hecho de otras muchas formas, siendo ésta, para mi, la más cómoda e inmediata:

Denuncia

Teniendo en cuenta que la ‘incidencia’ se formuló un viernes, y el margen de actuación del Ayuntamiento en cuestión era muy reducido, me di más que por satisfecho cuando comprobé que finalmente se eliminó la huella de quienes por ignorancia desconocen el dolor que ha producido, y produce, determinada simbología:

Pintada_limpia2

Gobierno Abierto somos todos. Siempre lo he dicho. Gobierno Abierto son las pequeñas cosas, y son las administraciones las que deben facilitar la apertura con herramientas, cultura, implicación y, como no, ejemplo.

Todos debemos implicarnos en mejorar nuestro entorno. Tampoco se trata de convertir nuestro hábitat en un estado policial, pero mejor nos iría si, entre todos, tuviéramos la conciencia de mirar hacia dónde hay que mirar, y no torcer el cuello ante el atropello, la injusticia, el abuso y, por supuesto, la corrupción, esperando al inflado de la burbuja para, finalmente, minar las bases de nuestro sistema, que es, exactamente, lo que nos está pasando.

OKFN SPAIN: España ya es parte de la Open Knowledge Foundation


OKFN

La Open Knowledge Foundation -Fundación para el Conocimiento Libre- se fundó en Cambridge (Reino Unido) el 24 de mayo de 2004. Una organización sin ánimo de lucro comprometida con el ‘conocimiento libre’, definiendo ‘conocimiento libre’ como ‘cualquier material, dato o contenido libre para que cualquiera pueda usarlo, reusarlo o redistribuirlo sin restricciones‘, tal y como lo definen en el apartado ‘nuestra visión‘ de su página Web, donde igualmente destacan su creencia en la ‘Fuerza de lo abierto’ (Power of Openness), resumiendo el potencial de sus beneficios sociales en cuatro puntos con los que no puedo estar más de acuerdo:

Mejor Acción de Gobierno: Transparencia y compromiso.
Mejor Cultura: Acceso, intercambio y participación.
Mejor Investigación: Los resultados de la investigación deben estar abiertos.
Mejor Economía: Reutilización más fácil y rápida para el desarrollo de nuevas herramientas y servicios innovadores.

Ahora, después de unos cuantos meses de trabajo liderados por Alberto Abella, incluyendo un proceso de elección de los miembros de la Junta Directiva de OKFN-Spain, podemos decir que en España se da un paso más en el camino hacia la Transparencia y el Gobierno Abierto, constituyéndose oficialmente la delegación de tan importante Fundación europea, que lleva años apostando por el conocimiento libre, estando siempre presente en las más importantes decisiones políticas y sociales relativas a la apertura de datos, su reutilización y libre difusión.

Os presento a los miembros de la Junta Directiva de OKFN-Spain, de la cual tengo la suerte de formar parte, así como las responsabilidades que nos han sido asignadas a cada uno de nosotros. Un grupo de personas comprometidas con el Gobierno Abierto, la Apertura de Datos y, en definitva, la Transparencia, esperando la colaboración de todos:

Alberto Abella. Presidente.

Mar Cabra. Vicepresidenta. Representación.

Guzman Garmendia. Vocal. Relaciones externas. esp. nacional.

Marc Garriga. Vocal. Coordinación de grupos de trabajo y proyectos.

Mayo Fuster. Vocal. Coordinación de grupos de trabajo y proyectos.

Alberto Ortíz de Zarate. Relaciones externas. Esp nacional.

Javier Creus. Secretario. Gestión de la asociación.

Helen Darbishire. Relaciones externas. Esp internacionales

Enric Senabre. Tesorero. Gestión de la asociación.

OKFN

Gobierno Abierto y continuidad política


Gobierno Abierto es política. Indudablemente, y a pesar de algún debate que al respecto que he escuchado y leído en los últimos días, la política y la acción del Gobierno Abierto de cualquier administración son indivisibles, van de la mano. Sin embargo, en lo que no puedo estar en absoluto de acuerdo es en que la apertura y la transparencia tengan un determinado color político, ya que en ese momento ponemos en grave riesgo lo que es, a todas luces, una necesidad básica en la regeneración democrática, que tímidamente se está dando en el mundo occidental tras más de dos siglos con unas reglas del juego participativas ya obsoletas, viejas y anacrónicas, en un entorno marcado por la comunicación, inmediatez y participación, fomentadas por irrupción de las Nuevas Tecnologías.

No siendo muy exacto situar el nacimiento del Gobierno Abierto en 2009 con el Memorandum de Obama, nos quedaremos con esta fecha para, al menos, tener una referencia temporal. Desde entonces, son muchas las administraciones locales, regionales, nacionales e internacionales las que han elegido crecer en un hábitat de transparencia, colaboración y participación, aunque como ya hemos dicho alguna vez en esta bitácora, sería más que necesario unificar criterios. Cuatro años después -la fecha exacta de su promulgación fue el 21 de enero de 2009- son ya varios los gobiernos que, habiendo iniciado el proceso de apertura con un determinado color político, se encuentran desarrollando los mismos principios con las siglas opuestas. Aquellos que corten de raiz esta demanda activa, sin duda alguna, serán desplazados y olvidados en las urnas en cuanto la madurez del Gobierno Abierto en administraciones vecinas puedan ser objeto de comparación por sus olvidados ciudadanos, afortundamente provistos de vista, oído, olfato, tacto y, por supuesto, gusto para votar.

No asociar el Gobierno Abierto a opción política alguna es una cuestión básica de crecimiento democrático. A los tres principios de transparencia, participación y colaboración, debe sumarse a la mayor brevedad la continuidad. Honestamente, hasta ahora sí estoy observando que quien hereda estos principios los asume como básicos y, por supuesto, como propios. Esta cuestión de acercar ‘la gobernanza’ a la ciudadanía es una tarea de todos, un pilar fundamental de la democracia que nos viene, una forma de gobernar entre todos los habitantes y visitantes de una comunidad o grupo, donde la co-creación sea una realidad, con la inestimable y fundamental ayuda de las Nuevas Tecnologías, que, afortunadamente, no llevan tintes en su ADN.

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